La Junta Directiva y el Consejo Editorial del Diario LA PRENSA han tributado un merecido homenaje al doctor Emilio Álvarez Montalván, en ocasión de su nonagésimo (90) cumpleaños, en reconocimiento a sus múltiples e inmensas cualidades personales —éticas, intelectuales, profesionales y políticas— y como una demostración de gratitud por su invaluable servicio al Diario de los Nicaragüenses en particular y a la causa de la libertad y de la democracia en Nicaragua, en general.
“Honrar honra” se dice en la placa conmemorativa que LA PRENSA entregó al eximio intelectual nicaragüense y en la cual se lee: “La Junta Directiva y el Consejo Editorial de LA PRENSA rinden un testimonio de admiración y respeto al Doctor Emilio Álvarez Montalván, en su 90 cumpleaños, y le agradecen su inapreciable colaboración de muchos años como editorialista, columnista y asesor profesional”.
“Honrar honra” es una de las frases más célebres de José Martí, el Apóstol de la Independencia de Cuba y de la libertad de toda Nuestra América, como él mismo nombró a Latinoamérica. Pero más que todo es un principio martiano que resulta apropiado para enmarcar el reconocimiento al doctor Álvarez Montalván, nuestro querido, admirado y respetado don Emilio, quien ha honrado a LA PRENSA con su luminosa contribución intelectual y sigue honrando a Nicaragua con su brillante pensamiento y su vida ejemplar consagrada a la investigación de la cultura política nacional y a la lucha por la libertad y la democracia. A quien tanto nos ha honrado, debemos honrarlo como muy bien se lo merece.
El doctor Emilio Álvarez Montalván, quien nació el 31 de julio de 1919, apenas seis años y medio antes de la fundación de LA PRENSA, estuvo vinculado a este Diario como colaborador intelectual desde que era dirigido por el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, padre de nuestro Director Mártir, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Después, a lo largo de cuarenta años, desde 1968 hasta fines del año pasado cuando fue jubilado por el Consejo Editorial de LA PRENSA, el doctor Álvarez Montalván fue miembro distinguido de este cuerpo consultivo en el que participan otros destacados intelectuales, profesionales y académicos que dan prestigio a Nicaragua y fortalecen con su pensamiento el quehacer del Diario de los Nicaragüenses. Gracias al aporte de esas distinguidas personas que cultivan la inteligencia y la libertad, como don Emilio, LA PRENSA ha mantenido su gran prestigio nacional e internacional.
Ya llegará el momento de escribir la biografía del doctor Álvarez Montalván y sin duda que más de un historiador, biógrafo y escritor nicaragüense querrá y seguramente quiere desde ahora cumplir tan honrosa tarea. Entre tanto, recordamos que el doctor Emilio Álvarez Montalván es un médico eminente con doctorado y fecundo ejercicio en la especialidad de Oftalmología; escritor, ensayista y periodista de opinión de primer orden; consagrado analista político y cultural; miembro de las academias de la Lengua y de Geografía e Historia de Nicaragua; Presidente Honorario Perpetuo del Partido Conservador de Nicaragua; fundador del grupo cívico Ética y Transparencia; Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua en los años 1997-1998; Doctor Honoris Causa de las universidades Ave Maria College de las Américas y Thomas More; laureado con diversas órdenes nacionales e internacionales; y, por supuesto, miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA, de la cual durante mucho tiempo fue su editorialista y es siempre uno de sus principales columnistas.
Cabe destacar, finalmente que, fiel a sus principios y valores que siempre ha predicado y practicado, el doctor Emilio Álvarez Montalván expresó recientemente unas sabias y valientes palabras que muchos consideran como un epílogo de su rico legado ético-político a la nación, sobre todo a la juventud nicaragüense. Fue en ocasión de recibir de la Cancillería de Nicaragua la Orden José de Marcoleta, cuando con ponderación diplomática pero con energía política don Emilio criticó severamente el autoritarismo y el centralismo del Gobierno de Daniel Ortega, al mismo tiempo que denunció la venalidad de aquellos diputados de la oposición que trafican con sus votos legislativos. Y le recordó a los ciudadanos que a los políticos, igual que a los bebés, hay que cambiarlos con frecuencia, y por la misma razón.
Tal es este nicaragüense ilustre que nos ha honrado durante tanto tiempo y a quien merecidamente lo honramos ahora que su sabia cabeza es coronada con los laureles de sus noventa años de edad. ¡Que viva muchos años más, querido don Emilio!