A la política económica del gobierno de Daniel Ortega, si es que hay algo que se pueda considerar como tal, no hay que medirla por su relaciones con los empresarios privados, en términos generales o con algunos de ellos en particular, sino por la situación real en que se encuentra la economía nacional, por su ineficiencia o ineficacia, por sus buenas o malas consecuencias para la nación.
En realidad, para la economía nacional lo importante no es que Ortega le devuelva a los empresarios los puestos de representación en organismos del Estado, que les había quitado, ni que les mejore las dietas por reunión. Como tampoco es sustantivo que el Gobierno lleve a banqueros y otros miembros del sector privado a reuniones oficiales con el Fondo Monetario Internacional en Washington, para tratar de convencerlo de que suelte el dinero de los préstamos sin cumplir las condiciones establecidas.
La política económica de Daniel Ortega, o como se le quiera llamar a su actitud con respecto a la economía nacional, hay que medirla o valorarla por lo que haga este gobierno a fin de estimular o desincentivar la producción, por mejorar o deteriorar el clima de negocios, por atraer inversiones o ahuyentarlas, por fortalecer o debilitar el ambiente de confianza jurídica y de tranquilidad política que se necesita para trabajar y crear riqueza y bienestar. Y en este sentido, es obvio que Daniel Ortega hace todo lo contrario a lo que debe hacer un gobernante cuerdo y responsable.
Ahora mismo, según los empresarios a la economía nacional le cuesta entre 2 y 3 millones de dólares diarios la crisis que el gobierno de Ortega ha creado en la frontera con Honduras, al prestarle el territorio fronterizo nicaragüense a Manuel Zelaya y los facciosos que lo siguen, para que traten de recuperar el poder perdido. Esto ha motivado el cierre de los pasos fronterizos para el transporte de personas y mercancías, causando graves pérdidas económicas al país. “Por las fronteras con Honduras pasa el 46 por ciento de las mercaderías que Nicaragua exporta, del cual el 17.5 por ciento va con destino a Puerto Cortés, que es la salida de los productos nacionales hacia los mercados internacionales”, informó ayer LA PRENSA. Y agregó la información que el uso de rutas alternativas para sacar las exportaciones aumenta el costo del transporte de 800 a 1000 dólares por furgón.
Cabe destacar que el comercio internacional de Nicaragua con y a través de Honduras es el único que creció en el semestre pasado, en relación con el mismo período del año anterior, según el Centro de Trámites para las Exportaciones (Cetrex). De manera que el gobierno de Daniel Ortega, en vez de proteger el único destino y paso de las exportaciones nacionales que venía creciendo, lo ha perjudicado severamente al entregar la zona fronteriza a Manuel Zelaya para que éste otro político irresponsable la convierta en base de sus operaciones conspirativas contra el gobierno constitucional de Honduras.
Cabe recordar también que el sábado pasado LA PRENSA publicó la información de que la producción nacional en el sector de la micro, pequeña y mediana empresa (Mipyme), cayó en un 15 por ciento en el primer semestre de este año, por lo cual sufrió pérdidas por 50 millones de dólares y 5 mil personas fueron al desempleo. Según la información, el sector de las Mipyme “aglutina a más de 18,500 pequeñas y medianas empresas de todos los sectores productivos, de las 155 mil que existen en Nicaragua, lo que representa el 20 por ciento de la masa empresarial del país”. Es obvio que este sector constituye la base de la economía nacional y cualquier gobernante responsable lo cuidaría y alentaría a seguir creciendo y produciendo más utilidades y empleos, divisas para el país e ingresos al Fisco. Pero no es éste el caso de Daniel Ortega, sin duda el gobernante más irresponsable que jamás ha habido en Nicaragua.
La verdad es que con el gobierno de Daniel Ortega Nicaragua no es un ejemplo de crecimiento económico, de transparencia administrativa, de honestidad gubernamental, de Estado de Derecho y respeto a las normas de la convivencia democrática y pacífica. Por el contrario, es una muestra deplorable de retroceso económico, más empobrecimiento de la población, atraso político, corrupción y nepotismo, y por si algo nefasto faltara, también de aventurerismo al servicio de las peores causas internacionales.