El eminente sociólogo y politólogo italiano Giovanni Sartori califica como un “sultanato” al gobierno del Primer Ministro de Italia, Silvio Berlusconi, quien se ha hecho famoso por las noticias escandalosas de toda clase que sobre él se publican casi a diario en los medios de comunicación.
En un artículo publicado en la revista electrónica Perfil.com, Sartori comenta su propio libro El Sultanato, una crítica al gobierno de Silvio Berlusconi y asegura que los gobernantes como éste “ceden a las tentaciones de un poder poco controlado, incluso absoluto, llegan vaciando la democracia por dentro, borrando en sustancia cada vez más la resistencia de los contrapoderes, de las contrafuerzas sobre las cuales se funda el constitucionalismo liberal”.
Pero con este enfoque Sartori parece referirse también a lo que ocurre actualmente en América Latina: en Nicaragua con Daniel Ortega, en Venezuela con Hugo Chávez, en Ecuador con Rafael Correa, en Bolivia con Evo Morales, e incluso en Honduras, hasta hace poco, con el dictadorzuelo de pacotilla Manuel Zelaya, quien en buena hora fuera derrocado hace tres semanas por atropellar el Estado de Derecho y violar la Constitución de su país.
Dice Giovanni Sartori que el premier italiano Silvio Berlusconi “es siempre más megalómano y podría ser peligroso. A él le interesa sólo mandar. Lo que conquista es suyo y sólo manda él. Punto y basta. Es precisamente este absolutismo de facto, más que de derecho, lo que he querido evocar con la noción de sultanato”. Y con esta caracterización de Berlusconi, otra vez Sartori pareciera estar refiriéndose a Nicaragua y definiendo a Daniel Ortega.
El planteamiento de Sartori acerca del sultanato berlusconiano refleja además la realidad nicaragüense, cuando dice que los italianos no se dan cuenta de lo que está sucediendo y por lo tanto no son capaces de movilizarse para detenerlo y revertirlo. Es que, asegura Sartori, “los italianos no están informados de nada. Están narcotizados por esta televisión (que) no explica nada, (que) no permite entender nada, (que) oculta los problemas en lugar de afrontarlos. Por lo tanto, los italianos no tienen demasiadas opciones. No hay ofertas alternativas y no se le explica a la gente cuáles son los problemas que el país no está enfrentando y que, sin embargo, debería enfrentar”.
Lo único que hace falta en el cuadro de Giovanni Sartori sobre el sultanato italiano de Berlusconi, para ser igual que la Nicaragua dominada por el autoritario Daniel Ortega, es un partido de opositores pactistas y presupuestívoros, y cobardes en el mejor de los casos, que comparta como minoría el mezquino usufructo de los poderes del Estado. Y falta, por supuesto, la chabacanería del gobernante nicaragüense que contrasta con la elegancia e ingeniosidad europea del singular sultán italiano, quien a pesar de que representa en parte el pasado político de Italia y Europa, está muchas décadas adelante de los caciques políticos latinoamericanos.
El caciquismo es el gobierno de una minoría, pero de los peores, a diferencia de la aristocracia, que también es el gobierno de unos pocos, pero de los mejores, según la brillante definición que hiciera otro eminente científico político, español éste y ya desaparecido, don Joaquín Costa Martínez (1846- 1911). El caciquismo, agrega Costa Martínez, es una forma tan vergonzosa de gobierno que a las personas dignas les saca a la cara los colores de la vergüenza. Y esto lo sabemos muy bien los nicaragüenses demócratas y libres, la mayoría de la nación, que de nuevo estamos sufriendo la vergüenza de soportar un ramplón gobierno caciquista, por culpa de la traición a la democracia y el pactismo corrupto del cacique Alemán y su tribu política PLC.
Los nicaragüenses, como muchos hispanoamericanos en general no hemos podido liberarnos de la mentalidad autoritaria que pareciera ser eterna, según dice otro eminente intelectual europeo, el búlgaro-francés Tzvetán Todorov, quien en 1963 huyó del totalitarismo comunista impuesto en Bulgaria y se hizo ciudadano libre de Francia. Para Todorov todos los hispanoamericanos nos consideramos (Hernán) Cortés y al prójimo, Moctezuma, creemos que la cabeza del otro está para ser colonizada por nosotros. “El siglo XX —dice Todorov— fue un muestrario de ese impulso maléfico (que) lamentablemente no ha desaparecido con el siglo, sino que continúa en vigor”.
Y es cierto. Quien lo dude que vea a Nicaragua dominada por el caciquismo de Daniel Ortega.