Si fuera cierto que el Procurador General del Gobierno, doctor Hernán Estrada, sufrió un atentado contra su vida el lunes de esta semana, como él mismo lo denunció públicamente, no dudamos en condenar ese hecho criminal de la manera más enérgica, cualquiera que hubiese sido el móvil. La violencia en cualquiera de sus formas , sea delincuencia política o común, tiene que ser rechazada y condenada. La agresión contra las personas, para lesionarlas o matarlas, es un crimen inaceptable aún cuando se quiera justificar con motivos políticos.
Precisamente por eso fue que criticamos al ex alcalde sandinista Dionisio Marenco, cuando erigió un monumento al crimen político en una de las rotondas de Managua, pues con eso lo que se hace es alentar la subcultura de la muerte. Además, si desde una perspectiva ideológica de izquierda se justifica el crimen contra el adversario o enemigo de derecha, de igual modo, desde una perspectiva de derecha se tendría que justificar el crimen cometido contra el adversario o enemigo de izquierda.
Y porque rechazamos y condenamos la violencia en todas sus formas, incluyendo la represión gubernamental, es que hemos criticado las amenazas indirectas que hizo el Procurador del gobierno de Daniel Ortega, doctor Hernán Estrada, en el sentido de que si el líder del Frente Sandinista lo quisiera no quedaría piedra sobre piedra de los medios de comunicación independientes .
Volviendo a la denuncia del procurador Estrada, de que fue víctima de un atentado contra su vida, este caso está envuelto en dudas que saltan a la vista. Primero, es muy difícil creer que el Procurador anda sin guardaespaldas. Los dirigentes de la izquierda autoritaria padecen una especie de paranoia que los hace ver conspiraciones y enemigos por todas partes. Ellos más bien exageran las medidas de seguridad y por lo tanto no es creíble que el señor Estrada anduviera sin protección personal.
Segundo, el mismo Procurador se encargó de enturbiar su propia denuncia, al acusar de manera irreflexiva e irresponsable a los obispos católicos y a “algunos medios de comunicación”, mientras la jefa de la Policía Nacional, Primera Comisionada Aminta Granera, con toda responsabilidad y prudencia advirtió que “si no conocemos en este momento ni quién fue, ni por qué razón fue, no podemos afirmar las razones que motivaron este hecho”.
Tercero, es muy bien conocido que los gobernantes autoritarios inventan conspiraciones y se hacen autoatentados para justificar la represión contra sus adversarios y críticos. Adolfo Hitler mandó a incendiar el Reichstag (palacio del parlamento alemán en Berlín) para justificar la represión y el exterminio de sus opositores. Stalin inventó toda clase de crímenes para acusar a sus adversarios, inclusive a camaradas de su partido comunista, para encarcelarlos o matarlos y justificar la centralización absoluta del poder. Para no ir más lejos: actualmente en las cárceles de Cuba hay decenas de periodistas independientes, bibliotecarios, políticos opositores cívicos, y disidentes, que fueron acusados por la tiranía comunista de “crímenes” que nunca cometieron y ni siquiera imaginaron cometer. Y en Venezuela, los líderes opositores Raúl Baduel y Manuel Rosales son perseguidos con el pretexto de que cometieron crímenes de corrupción.
De manera que conociendo el modo de proceder del autoritarismo y el totalitarismo, no nos extrañaría que este “atentado” contra el procurador Estrada fuese un pretexto para justificar alguna posible represión, para intimidar a los obispos y a los medios que critican al Gobierno, o para que Radio Corporación no siga transmitiendo las palabras del Procurador diciendo que el líder del Frente Sandinista podría mandar a sus partidarios a que no dejen piedra sobre piedra de los medios de comunicación independientes.
Pero, por supuesto que tampoco podemos descartar que fuera verdad que alguien quiso matar o hacer daño físico al Procurador. Es posible que haya algunos cabezas caliente por allí y el gobierno de Daniel Ortega todos los días provoca repudio y se crea más enemigos. Sin embargo nada justifica la violencia y mucho menos el crimen político personal. Por eso esperamos que la Policía descubra la verdad y que, ya sea que hubo atentado o que éste fuera inventado, lleve a los culpables ante los tribunales correspondientes o los desenmascare públicamente.