I
El verano terminó
de consumir mis energías.
Llevaba seis meses
de sitiar su ciudadela.
Todos los artificios
habían sido probados.
Pretendiente que se acercaba
uno más en la lista de caídos.
El invierno rebasó el Mayales.
Cambió mi ánimo.
Empecé a mirarla con desdén.
Contradecía sus afirmaciones.
Retaba su sabiduría.
Sin piedad la despedazaba.
¡Una digna manera
de batirme en retirada!
II
Cuando todo era incierto
se produjo un sismo inesperado,
bajó sus flancos y rindió su imperio.
Tomé por asalto sus fortificaciones,
traté de averiguar
los motivos de su cambio de mira,
con sabiduría de matrona
compensó mi capricho.
Todos me tenían empachados.
No aguantaba tanta zalamería.
Me trataban como una muñeca de porcelana.
Si no hubieras mudado el trato
¡también vos te habrías
precipitado a los infiernos!
A ella no le diré nunca
¡que me entregó su corazón desbocado
cuando ya giraba en retroceso!