in Titulo, 1997. Oleo sobre tela de Edwin Mauricio Mejia Baltodano. LA PRENSA/G. Flores

Cambio de mira

I El verano terminó de consumir mis energías. Llevaba seis meses de sitiar su ciudadela. Todos los artificios habían sido probados. Pretendiente que se acercaba uno más en la lista de caídos. El invierno rebasó el Mayales. Cambió mi ánimo. Empecé a mirarla con desdén. Contradecía sus afirmaciones. Retaba su sabiduría. Sin piedad la despedazaba. […]

I

El verano terminó

de consumir mis energías.

Llevaba seis meses

de sitiar su ciudadela.

Todos los artificios

habían sido probados.

Pretendiente que se acercaba

uno más en la lista de caídos.

El invierno rebasó el Mayales.

Cambió mi ánimo.

Empecé a mirarla con desdén.

Contradecía sus afirmaciones.

Retaba su sabiduría.

Sin piedad la despedazaba.

¡Una digna manera

de batirme en retirada!

II

Cuando todo era incierto

se produjo un sismo inesperado,

bajó sus flancos y rindió su imperio.

Tomé por asalto sus fortificaciones,

traté de averiguar

los motivos de su cambio de mira,

con sabiduría de matrona

compensó mi capricho.

Todos me tenían empachados.

No aguantaba tanta zalamería.

Me trataban como una muñeca de porcelana.

Si no hubieras mudado el trato

¡también vos te habrías

precipitado a los infiernos!

A ella no le diré nunca

¡que me entregó su corazón desbocado

cuando ya giraba en retroceso!

La Prensa Literaria

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