- Poesía nicaragüense
Tradición
El pino oloroso a resina,
brilla con sus adornos de oro,
los bastones rojos,
las manzanas, los lazos.
La Navidad viene y se va
mientras buscamos revivir el recuerdo viejo
de cuando éramos niños.
Nos asomamos a la fiesta
con la esperanza de no haber visto demasiado
y tener inocencia aún en los ojos.
Misa del Gallo. Las doce de la noche.
Los regalos con sus cintas multicolores.
Los amigos, el vino, la comilona en familia.
Nos vestimos, nos arreglamos,
organizamos la celebración,
y, exhaustos, nos sentamos a esperar
el regreso de la magia.
¿Quién pudiera volver a creer
en el Niño que viene sigiloso
a dejar los paquetes?
¿El benévolo San Nicolás bajando por la chimenea
cruzando el cielo en su trineo jalado por renos?
¿La estrella posada sobre Belén
en un cielo siempre limpio y azul?
Ya sin creer, reproducimos la ilusión,
nos empeñamos en recrear el encanto.
Tiernamente diseñamos el recuerdo
la música, el color, el aroma del musgo,
el misterio de los juguetes.
Año tras año,
generación tras generación,
aseguramos la supervivencia
de una larga, sucesiva,
nostalgia.
Navidad
Al contrario de cuando era niña
cuando esperaba un Santa Claus
cargado con un bolsón de regalos
bajando por las goteras
entre las tejas de mi casa;
de adulta lo que quisiera
es al mismo Santo bonachón con un saco
en el que pudiera llevarse
los fraudes, las muertes y las guerras
que este año nos dejó.