Para Dolores Torres
¿Por qué no lo mató?, esta pregunta no es del tipo por qué giran en órbitas elípticas los electrones y los planetas o por qué se coagula la sangre expuesta, interrogantes con fáciles respuestas que publican los suplementos infantiles de los diarios, pero si busca a un tío para hacérsela después de sesenta años e indagar en la mañana invernal de frío y niebla del Collell, bosque vecino a Banyoles, qué reflejó su mirada, cuál pensamiento le cruzó más veloz que una ráfaga impidiéndole disparar, son otros cien pesos. Los muchachos corren tras los fugitivos franquistas, los ajusticiamientos están a la orden del día, se mata por docenas en la huida y cuando tiene enfrente inerme y enlodado en el lecho del cauce al pez más gordo de La Falange no le dispara, grita que allí no hay nadie, da la vuelta y se va.
Pasaremos la novela buscando a ese republicano en desbandada para hacerle la pregunta, las vías estarán atestadas de gente cargando trastos y maletas bajo el ruido y las bombas de los aviones buscando refugio seguro allende la frontera mientras caen los últimos reductos de La República. Ése es el combustible que energiza el relato, la pregunta pendiente que mueve la trama y debe ser respondida para que concluya, cierre y dé sentido.
Entre vida y muerte se apuesta la poesía capaz de poner a bailar a un individuo con una escoba en medio de un patio agarrándola con la ternura con que se toma a una novia o la ley gravitacional de un astro que hace girar a su satélite dentro de su órbita, el pasodoble más triste que bailó? Miralles con la escoba, Suspiros de España dice: Quiso Dios con su poder,/fundir cuatro rayitos de sol/y hacer con ellos una mujer,/y al cumplir su voluntad/en un jardín de España nací/como la flor en el rosal./Tierra gloriosa de mi querer,/tierra bendita de perfume y pasión,/España, en toda flor a tus pies/suspira un corazón./Ay de mi pena mortal,/porque me alejo,/España, de ti,/porque me arrancan de mi rosal. El embrujo acabó cortado de un tajo por la risotada de los compañeros que vieron el baile mudos y absortos en reverente silencio.
Cuando Miralles fue trasplantado al campo de refugiados de la playa cantábrica donde no había más que arena y nieve, siempre poseído por frenesí de lucha retoma la bandera francesa, la de su país de adopción y cruza el desierto norafricano del Magreb al Chad y Trípoli en las últimas campañas de la Segunda Guerra. Los Nacionalistas en el poder se consolidan mandando a la mierda los ideales que los niños bien de La Falange copiaron de Il Fascio, el enano feminoide Francisco Franco se erige Caudillo de España por la Gracia de Dios emitiendo estampillas, monedas y billetes mostrando su pelona. Rafael Sánchez Maza, primer ideólogo falangista, buen escritor, se automargina del poder acompañado por sus millones.
De nuevo Miralles baila en el camping junto al roulot parqueado en el centro para vacacionistas jubilados o asegurados de clase media asalariada, baila a sus setenta años con su mujer a la luz de la luna el mismo pasodoble que suena en Soldados de Salamina. Afirma desde la casa de ancianos que el heroísmo es algo circunstancial, un instante único como el de una bala perdida o la caída de un meteoro, preciso y oportuno, ajeno a lo cotidiano, que después nadie te dará las gracias y no te voltearán a ver ni con el ojo del culo, sin embargo Javier Cercas le deja el estandarte, se lo pone en alto y lo hace marchar adelante, siempre adelante. Hay algo crepuscular, casi un ralenti final de cámara alejándose para esfumar figuras en el panorama espectacular de un filme histórico, el narrador y Roberto Bolaño quedarán tranquilos?, los lectores conmovidos?, quién sabe, habrá preguntas sin respuesta, pero no obstante