A propósito del Día de Cervantes

Por una asombrosa coincidencia, en el mismo día, 23 de abril de 1616, fallecieron tres inmortales hombres de letras de distintos y distantes lugares del mundo: el español Miguel de Cervantes Saavedra, el inglés William Shakespeare y el peruano Inca Garcilaso de la Vega.

Por ese motivo la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en 1995 consagró el 23 de abril de cada año a la celebración del Día Mundial del Libro, así como también de los Derechos de Autor, puesto que lo uno tiene que ir indisolublemente vinculado con lo otro. Pero, además, en prácticamente todos los países hispanoparlantes el 23 de abril se celebra también como el Día de Cervantes y del Idioma Español.

La ocasión es oportuna para reflexionar un poco acerca del hecho nunca bien aceptado, de que los países donde la gente mejor habla y escribe y por lo tanto es más educada y culta, son los más prósperos y ricos. En realidad, así como en el seno de una sociedad las personas que peor hablan son más pobres y atrasadas mientras que aquéllas que mejor se expresan oralmente y por escrito tienen un nivel de vida superior, igualmente en el ámbito internacional los países donde la gente usa mejor el idioma son más desarrollados y ricos, en tanto que los que peor hablan y escriben son los más pobres y atrasados.

La ecuación no falla: a mayor educación y cultura corresponde un mejor nivel de desarrollo y progreso. Y en la otra cara de la moneda, la ignorancia y la mala educación están indisolublemente vinculadas con la pobreza. No es casual, por lo tanto, que Nicaragua sea un país muy pobre y atrasado siendo que su nivel de educación es muy bajo y la debilidad principal de su sistema educativo radica precisamente en el mal conocimiento y dominio del lenguaje.

Ahora bien, en el ámbito de la educación informal, los medios de comunicación y particularmente los escritos desempeñan una función de primordial importancia en la contribución al enriquecimiento del lenguaje o para su empobrecimiento. Tal como señalamos en otro comentario editorial sobre este tema, el 23 de abril del 2005, “en particular la prensa escrita tiene una gran responsabilidad por el buen uso del idioma, (porque) el periodismo es la mediación por excelencia entre la lengua escrita y la hablada (…) y por lo tanto los medios de comunicación escritos pueden convertirse en instrumento de perfección del lenguaje o en culpables de su empobrecimiento”.

Ciertamente, es bien sabido que el lenguaje es algo vivo y está en incesante proceso de desarrollo. Pero también, según las circunstancias se puede empobrecer y descomponer. Y a esto último mucho contribuye en la actualidad la sorprendente revolución en las comunicaciones y la globalización de las relaciones internacionales. Pero también impacta de manera negativa en el lenguaje, la mala política que predomina en la sociedad y que se manifiesta en múltiples formas, incluso en la rusticidad del habla de los políticos, en la ignorancia supina y la mala educación de la mayor parte de quienes han hecho de la política su modo de vida, influencia negativa que transmiten a sus auditorios y de esa manera contribuyen en gran medida al empobrecimiento del lenguaje común.

Lamentablemente quedaron muy atrás y desaparecieron al parecer para siempre los tiempos en que daba gusto escuchar a los políticos, los cuales deleitaban a sus oyentes con excelentes piezas oratorias que, por lo menos, ayudaban a la educación idiomática de la gente. Ahora, en los medios de comunicación, en el foro parlamentario y en la plaza pública prácticamente todos los políticos, comenzando por el Primer Magistrado de la nación, en vez de hilvanar discursos pronuncian diatribas, en vez de educar con la palabra dicen peroratas incoherentes, en vez de hacer propuestas razonables y entendibles pronuncian palabras mal sonantes.

Por eso, en ocasión de este Día de Cervantes y del Idioma Español nos parece apropiado recomendar a las secretarías de educación de los partidos y a los organismos no gubernamentales, que se preocupen por la formación de los políticos, que incluyan en sus programas de enseñanza y estudio la materia de español. Los políticos lo necesitan y los ciudadanos lo agradecerían.

Editorial
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