El gen de los dictadores

El científico israelí Richard P. Ebstein, director del Centro Scheinfeld de Genética Humana para las Ciencias Sociales de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha descubierto el llamado gen de los dictadores. La información sobre este novedoso descubrimiento fue publicada el recién pasado miércoles 16 de abril en Aurora, un periódico de Israel que se edita en idioma español.

De acuerdo con la información, personajes siniestros de la historia como Stalin, Hitler, Pol Pot, Pinochet, Fidel Castro (Anastasio Somoza y Daniel Ortega, agregamos nosotros) “no sólo compartían regímenes dictatoriales, sino también, posiblemente, características en uno de sus genes”, debido a que “es evidente que los dictadores son egoístas y puede ser que su falta de interés por los demás tenga un componente genético”, según el científico israelí.

A propósito de esta hipótesis científica de Ebstein , cabe señalar lo que escribió el historiador y sacerdote británico Vivian Green (1915-2005), en su libro titulado La locura en el poder, de Calígula hasta los tiranos del siglo XX. En este libro Vivian Green señala que todos los dictadores “racionalizan sus aspiraciones personales y las cubren con el barniz del interés público y patriótico. Como son incapaces de soportar la humillación, la crítica o la insubordinación, amigos y enemigos por igual son el blanco de sus caprichos”. Agrega Green que: “Para satisfacer sus necesidades más profundas, durante el camino de acceso al poder y una vez que lo han obtenido (los dictadores) recurren al terror y a la intimidación para liquidar a sus rivales y vencer a sus oponentes. Imponen su voluntad por la fuerza, la propaganda y la astucia argumentativa”.

Dice también Vivian Green que los dictadores “crean una mitología personal diseñada para resaltar sus cualidades heroicas que probablemente sean el fruto de su propia inventiva. Luego sufren las consecuencias de su autoengaño, que los llevan a su propia destrucción y a generar sufrimiento en los demás”.

En realidad, todos los dictadores, incluyendo los de Nicaragua y sean de derecha o de izquierda, tienen el mismo comportamiento básico, son iguales en todas partes del mundo independientemente de que hablen ruso, alemán, chino o español.

Pero volviendo a Richard Ebstein, éste dice que la clave de su descubrimiento científico está en el gen llamado AVRP1, “que permite la actuación sobre el cerebro de la vasopresina, una hormona que se vincula a la sociabilidad y afectividad de los mamíferos. A más vasopresina más tendencia al altruismo (y viceversa), es la ecuación ya descubierta por los científicos en 2005”.

Para llegar a esa conclusión el investigador israelí recurrió al “juego del dictador”, en el que participaron 203 estudiantes universitarios, a los cuales dividió en tiranos y receptores. Los “dictadores” recibieron cada uno cincuenta shékels (como se llama la unidad monetaria de Israel) para que decidieran libremente si los repartían o no entre los “receptores”. Algo menos de un quinta parte de los estudiantes “dictadores” se quedó con todo el dinero, mientras que en torno a un cincuenta por ciento dio la mitad a sus “receptores”. “Lo interesante del ejercicio, explicó el científico, es que no existe condicionante alguno para entregar el dinero, como (por ejemplo) que el otro se encuentre en una situación de necesidad o sea un amigo, por lo que se mide el altruismo en estado puro”.

La conclusión del experimento fue que aquellos estudiantes con el promotor del AVRP1 más largo regalaron en promedio un cincuenta por ciento más de dinero que sus compañeros con el promotor más corto. De manera, explica Ebstein, que “no es que el gen determine la avaricia o el altruismo, pero sí la distribución de la vasopresina, de forma que una acción generosa pueda generar menos placer en unas personas que en otras”. Y esto tiene que ver con el ambiente, dice Ebstein. “El egoísmo, como el comportamiento criminal, es mitad ambiental, mitad genético. O lo que es lo mismo: un entorno adecuado puede diluir la predisposición a la avaricia inscrita en el ADN de un ser humano, mientras que un pésimo ambiente vital quizás vuelva implacable y egoísta al más genéticamente predispuesto a la solidaridad y la entrega”. Y éste es el caso de los dictadores.

Se trata, sin duda, de un tema muy interesante en Nicaragua, donde los dictadores de derecha o de izquierda siempre se han valido de su egoísmo, codicia y falta de escrúpulos para imponerse en el poder.

Editorial
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