Antorcha olímpica, de Berlín a Beijing

La llama olímpica, que arderá durante las Olimpiadas de este año en China comunista, fue encendida el 24 de marzo en el templo de Hera de la antigua ciudad griega de Olimpia y llegó a Beijing, la capital china, el 31 de ese mismo mes. El 1 de abril la antorcha olímpica inició su recorrido por el mundo, durante el cual debe completar 136 mil kilómetros y pasar por 137 ciudades de 21 países, en cinco continentes, hasta regresar a Beijing el 6 de agosto. Dos días después, el 8 de agosto próximo, la antorcha entrará al Estadio Nacional conocido popularmente como El Nido, que será el escenario principal de las Olimpiadas y donde el fuego de la antorcha encenderá el pebetero olímpico que presidirá la inauguración y las principales competencias deportivas.

Hasta ahora el recorrido mundial de la antorcha olímpica ha sido como una odisea griega, por las enérgicas y tumultuosas protestas con las que han recibido a la simbólica llama muchos exiliados tibetanos y luchadores por la libertad, en los diversos países por donde ha pasado. La gente que ha hostigado el recorrido de la antorcha y que en París incluso obligó a que fuera apagada, protesta por la sanguinaria represión del régimen comunista de China contra la población tibetana, que lucha por preservar su cultura nacional y por conquistar su libertad. Y lo que es muy importante, las protestas han puesto en entredicho la misma celebración de los juegos olímpicos, que simbolizan la libertad, la fraternidad humana y la paz entre los pueblos, en un país que representa la antítesis de esos principios y valores, en una China comunista que deslumbra con un espectacular desarrollo económico basado en un moderno sistema de esclavitud laboral, en la ausencia de libertades individuales y derechos humanos, en la represión despiadada contra cualquier expresión de disidencia y anhelo de libertad y democracia.

Ante estas protestas que han acompañado el recorrido de la antorcha olímpica, no han faltado quienes se rasgan las vestiduras por la supuesta politización de esta parte previa pero solemne de las Olimpiadas. Pero los juegos olímpicos tienen precisamente un origen y un sentido esencialmente político. Las Olimpiadas fueron creadas por los antiguos griegos para sustituir los conflictos políticos y las guerras, al menos durante algunos días cada cuatro años. Además, los juegos olímpicos son un tributo a la libertad, a la democracia, a la fraternidad humana y la amistad entre los pueblos, que son principios y valores de profunda significación política.

Por otra parte, la antorcha olímpica y su recorrido no es una tradición que viene de las Olimpiadas originadas en la antigua Grecia. La antorcha olímpica fue encendida por primera vez apenas en 1928, al comenzar las Olimpiadas de Amsterdan, Holanda, de acuerdo con una iniciativa del arquitecto holandés Jan Wils, quien diseñó el estadio olímpico de esa ciudad. Ocho años después, o sea en 1936, las Olimpiadas se celebraron en Berlín, Alemania, que estaba dominada por el nazismo. Antes de aquellas Olimpiadas, uno de los miembros del comité alemán organizador, el doctor Karl Diem, propuso que la antorcha olímpica no fuera encendida en el estadio olímpico de Berlín, al inicio de los juegos, sino algún tiempo antes en el templo de Hera de la ciudad de Olimpia, en Grecia. Desde allí la antorcha sería llevada hasta Berlín por 3,422 deportistas, en una carrera internacional de relevo que haría un recorrido de 3,422 kilómetros. El doctor Diem propuso su idea al ministro de propaganda nazi, Josef Goebbels, quien la aceptó y luego la aprobó el mismo Hitler, encantados ambos porque la antorcha olímpica simbolizaría la grandeza del III Reich totalitario, que según ellos duraría mil años.

La celebración de las Olimpiadas de 1936 en la Alemania nazi fue una vergüenza para la humanidad y una ofensa al espíritu olímpico. Y ahora, igualmente es una afrenta al género humano que los juegos olímpicos se celebren en China comunista, que es la capital del totalitarismo contemporáneo. De manera que son justas las protestas que han acompañado el recorrido mundial de la antorcha olímpica hacia Beijing, porque son una demostración de repudio al totalitarismo comunista y de solidaridad con los pueblos oprimidos del Tibet y de China.

Lo que no sería justo ni viable sería el boicot a las Olimpiadas, pues perjudicaría a los atletas. Pero los gobernantes de los países democráticos, si son consecuentes con los principios y valores que predican no deberían ir a Beijing para participar en la inauguración de las Olimpiadas de este año, a fin de no hacerle el juego a los dictadores comunistas de China y más bien solidarizarse con su población esclavizada.

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí