/Fotos de La Prensa/René Ortega

“El motor ya no son las remesas, sino las agroexportaciones”

El doctor Francisco Mayorga afirma que la estructura económica de Nicaragua está en el “umbral de una transformación” que haría del sector rural y agroexportador el motor de desarrollo de Nicaragua de aquí al 2010 Francisco Mayorga, ex presidente del Banco Central de Nicaragua y presidente fundador del desaparecido Banco del Café, decidió a finales […]

  • El doctor Francisco Mayorga afirma que la estructura económica de Nicaragua está en el “umbral de una transformación” que haría del sector rural y agroexportador el motor de desarrollo de Nicaragua de aquí al 2010

Francisco Mayorga, ex presidente del Banco Central de Nicaragua y presidente fundador del desaparecido Banco del Café, decidió a finales del año pasado “desempolvar” datos, documentos y todo el instrumental de un economista, para hacer lo que llama “reflexiones” sobre el futuro económico del país durante los próximos tres años.

Lo que concluyó a muchos podría sorprender, manifiesta. Afirma, con tal seguridad como cuando uno dice que la Tierra gira alrededor del Sol, que la estructura económica de Nicaragua está en el “umbral de una transformación” que haría del sector rural y agroexportador el motor de desarrollo de Nicaragua de aquí al 2010.

El horizonte que pinta está cargado de un optimismo dominado por el crecimiento de la producción de granos y productos de exportación, una mejoría de los salarios de los obreros agrícolas y un pujante sector exportador agrícola y agroindustrial que, poco a poco, estarían desplazando a las remesas familiares y la cooperación externa como pilares fundamentales de la economía nacional.

“Vamos a tener, estimo yo, tres años en los cuales todavía no tenemos vacas gorda, pero ya las vacas no serán tan flacas, lo cual no significa que la economía de Nicaragua esté despegando, ni que esté entrando en un auge, ni que la pobreza esté desapareciendo. Sólo explico que las fuerzas del mercado están provocando un cambio en la estructura económica del país”, insiste Mayorga, artífice de la reforma monetaria llevada a cabo por la administración de la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro cuando se lanzó el llamado córdoba oro a la par del dólar.

No obstante, Mayorga admite que este horizonte enfrenta nubarrones: la influencia partidista que sobre el Poder Judicial ejercen el Gobierno y el Frente Sandinista, así como el Partido Liberal Constitucionalista (PLC); la necesidad de mejorar la infraestructura, principalmente vial y energética del país y, sobre todo, la necesidad de un consenso entre el sector público, los empresarios, los partidos políticos e incluso los trabajadores para aprovechar lo que insiste en llamar “las favorables oportunidades del mercado”.

Mayorga ha plasmado estas “reflexiones” en su nuevo libro Nicaragua 2010: el futuro de la economía. Sobre parte de ellas habla en entrevista con LA PRENSA.

¿Cómo es que decide lanzarse a hacer ciertas proyecciones a mediano plazo sobre la economía de Nicaragua?

Yo comencé a desempolvar mi instrumental econométrico y actualizar mi base de datos a fines del año pasado, a raíz de que unos clientes míos me pidieron que les hiciera una evaluación de las perspectivas económicas para el 2008 y, entonces, lo que encontré realmente me llamó poderosamente la atención porque me pareció que había algunas inflexiones en la trayectoria de diversas variables críticas de la economía de Nicaragua. Entonces, decidí extender las proyecciones hasta el año 2010 y me encontré con que la estructura económica de Nicaragua está cambiando.

¿Y qué fue lo que encontró?

Nosotros durante quince años hemos tenido un modelo económico cuyo motor ha sido las remesas familiares (que superaron los 729 millones de dólares el año pasado) y transferencias del exterior o las donaciones (alrededor de 500 millones de dólares). La economía de Nicaragua ha sido construida principalmente como una economía de servicios, el comercio empujado por las remesas, por ejemplo. Entonces hemos tenido un gran florecimiento de los centros comerciales, de las casas distribuidoras, del consumo, de las tarjetas de crédito, pero el sector productivo había venido quedando rezagado.

Otra cosa que ha ocurrido dramáticamente en los ultimos años fue una oleada de migración. En los años recientes, especialmente durante la administración del gobierno de don Enrique Bolaños, salieron del país como 700 mil personas, principalmente jóvenes.

Sin embargo, en los últimos años la subida del precio de petróleo hizo que Europa y Estados Unidos aumentaran la demanda de biocombustibles y eso significó una demanda adicional en la agricultura que antes no existía. La agricultura estaba dedicada a producir comida, pero ahora hay un mercado adicional para los productos agrícolas que es el de los biocombustibles. Eso hace subir todos los precios de los granos básicos, las oleaginosas, los alimentos para animales y por lo tanto sube la carne, los huevos, los productos lácteos, todos los alimentos suben de precio a nivel mundial.

Pero esta situación trae efectos diferentes en las ciudades y el campo.

Eso por supuesto nos golpea a nosotros en las ciudades, pero en el campo abre un horizonte de oportunidades. Entonces encuentro que las exportaciones empiezan a crecer aceleradamente, no solamente por los precios, sino también por los volúmenes, porque como las actividades se vuelven más rentables en el campo, los productores se animan a producir más. Esto significa que en el horizonte de los próximos tres años el motor fundamental de la economía de Nicaragua ya no son las remesas, son las agroexportaciones.

Eso significa también que en la ciudad los asalariados y los pensionados están sufriendo pérdidas en su poder de compra, están sufriendo el impacto de la inflación, porque el impacto de la inflación es muy severo porque es la comida y el transporte que están subiendo. Pero en el campo, a pesar de los costos de los combustibles y los fertilizantes, el alza de los precios de exportación favorece la actividad de producción agropecuaria.

Entonces tenemos lo que los economistas llamamos un cambio en los términos de intercambio a favor del sector rural. Eso significa que el modelo económico de Nicaragua está evolucionando en una especie de metaformosis. Entonces las exportaciones se disparan. El año pasado exportamos 1,250 millones de dólares, un crecimiento como del 18 por ciento y este año el Banco Central estima que van a ser 1,350 millones, yo calculo que van a ser más de 1,500 millones.

Y viendo cómo han venido evolucionando el turismo y las zonas francas, que tienen la influencia de los cortes de energía eléctrica por ejemplo, y las exportaciones de bienes y servicios principalmente agropecuarios, la combinación de éstos va jalando la economía y calculo que en el año 2010 las exportaciones de bienes y servicios serán de más de 3,000 millones de dólares.

Todavía estamos rezagados con respecto al resto de Centroamérica, pero éstos no son cambios digamos sin importancia, aunque seguimos siendo una economía endeble, vulnerable, muy pobre. El hecho fundamental es que las fuerzas del mercado, sobre todo del internacional, nos están abriendo una oportunidad. Esta oportunidad la están aprovechando pequeños y medianos productores principalmente. Hay grandes productores que están invirtiendo también, pero la propiedad agraria se encuentra repartida principalmente entre pequeños productores, cooperativas, medianos productores y grandes productores, todos los distintos segmentos de las producción están siendo favorecidos y recibiendo digamos esta brisa refrescante derivada paradójicamente del alza de petróleo.

¿Estas oportunidades que habrían en el campo qué efecto multiplicador tendrían en otros sectores de la economía, si es que los habrá?

En la antigüedad decían que todos los caminos conducen a Roma. En Nicaragua todos los caminos conducen a Managua. En este momento uno puede detectar un clima, digamos de cierta ebullición económica, en departamentos como Matagalpa, Chinandega y Chontales, que va a venir gradualmente a Managua porque el consumo crece en toda la geografía del país y se refleja en el consumo en Managua. Lo que creo es que en Managua estamos sufriendo los dolores del parto, porque mientras se va produciendo la ebullición económica en el agro, en Managua nos está tocando bailar con la fea.

En el campo los beneficios no son sólo de los productores, también están comenzando a permear poco a poco a los trabajadores. Como se ha ido tanta gente al exterior –en Chinandega un trabajador puede irse a El Salvador y le pagan seis dólares al día o más, en contraste con los dos dólares que aquí le pagaban el año pasado– entonces es evidente que si aquí el productor no le mejora el salario al trabajador del campo se le va a El Salvador, Guatemala, Honduras o Costa Rica. Al haber mayor demanda de mano de obra en el campo, con esa mejoría productiva de la que hablo, los salarios comienzan poco a mejorarse gradualmente, aunque no es de un día para otro.

¿Cómo esa mejoría que habría en el campo y en las exportaciones podría sentirse en Managua, por ejemplo?

Como esta mejoría de las exportaciones viene a Managua, los productores agropecuarios están comprando más, el comercio va a sentir a partir del segundo semestre del año un mejoramiento derivado de las exportaciones. Eso significa que aquí la situación va a empezar a recuperarse poco a poco. No hay duda que la inflación y el petróleo golpearon a Managua y varias cabeceras departamentales donde se encuentra buena parte de la población, pero en la medida en que el motor de las exportaciones comienza a calentarse, la situación en las ciudades comienza a calentarse, los patrones (empleadores) en las ciudades tendrán que mejorar los salarios, ajustarlos al menos al ritmo de la inflación.

Entonces vamos a tener, estimo yo, tres años en los cuales todavía no tenemos vacas gordas, pero ya las vacas no son tan flacas, lo cual no significa que la economía de Nicaragua esté despegando ni que esté entrando en un auge, ni que la pobreza esté desapareciendo, aquí estoy yo solamente explicando cómo las fuerzas del mercado están provocando un cambio en la estructura económica.

Eso es importante para la gente de negocios, para los empresarios, porque necesitan saber qué demandas van a mejorar, qué demandas van a reducirse, dónde se está moviendo la plata (el dinero), entonces para mí este trabajo (el nuevo libro) es como una pequeña reflexión que le puede servir a los empresarios para comprender de dónde venimos, dónde estamos y para dónde vamos.

A su juicio, ¿qué debería hacer el Gobierno, cuál debe ser su aporte, para aprovechar estas oportunidades de las que habla?

El instrumental que tiene el Gobierno para incidir en la economía es bastante limitado. Anastasio Somoza dominaba muchos sectores económicos; en la época sandinista Nicaragua era una de las naciones socialistas más estatizadas y con la privatización de servicios claves como las telecomunicaciones y la energía en tiempos de doña Violeta Barrios de Chamorro y Arnoldo Alemán, al Gobierno le quedan pocas herramientas para maniobrar, como el Presupuesto General de la República y la ayuda venezolana.

El presupuesto el Gobierno lo tiene que acordar en el parlamento, con la oposición, porque tenemos afortunadamente un sistema democrático y teniendo el Gobierno una bancada minoritaria en la Asamblea Nacional (38 de los 91 diputados), pues la dinámica es que haya pesos y contrapesos y que la oposición juegue un papel muy importante en las definiciones de políticas como el Presupuesto General de la República y políticas fiscales.

¿Pero qué puede hacer el Gobierno? Muchos dicen que debe ser facilitador.

Dentro de ese panorama el Gobierno ha venido jugando lo que los economistas neoliberales llaman el papel de un gobierno facilitador, por supuesto tiene que facilitar, sería grave que el Gobierno comenzara a entorpecer las oportunidades. Sin embargo, en mi opinión el Gobierno tiene que asumir el papel del estado promotor, no tiene este Gobierno un banco de desarrollo, realmente necesitamos una institución que provea recursos de mediano y largo plazo a los pequeños y medianos productores para facilitarles su capitalización antes las oportunidades que tenemos.

La otra cosa es la parte de la infraestructura, la cual tiene que ver con el suministro de la energía eléctrica, tenemos que resolver y analizar la adicción al petróleo y la ineficiencia de nuestro uso de energía y los cuellos de botella que eso representa para el futuro del país. Y por el otro lado la infraestructura vial y las telecomunicaciones. Los tres grandes ingredientes para ayudarle al sector privado son crédito, caminos y energía eléctrica, por supuesto se puede pensar en otras cosas.

Veo que su panorama es muy prometedor. A muchos sorprendería.

Mi trabajo no es prescriptivo. Si nos quedamos sólo viendo las amenazas y las dificultades nos perdemos del panorama de las oportunidades, creo que tenemos que ver la película completa. Por otro lado, no veo que se puedan hacer buenas prescripciones sin tener un buen diagnóstico. Mi trabajo ofrece un diagnóstico, que es probablemente diferente a lo que hacen muchos colegas, no estoy diciendo que los colegas en años anteriores han venido equivocándose. Una vez que se tiene un diagnóstico, la sociedad en su conjunto, el Gobierno con empresarios, sindicatos y los partidos políticos, deben discutir qué podemos hacer todos juntos para aprovechar las oportunidades que se nos están presentando.

Si nosotros nos ponemos de acuerdo alrededor de una agenda económica, entonces podría ser que estos tres años se conviertan en una oportunidad de crecimiento económico a mediano plazo. Si no lo hacemos, una vez más vamos a dejar pasar el tren de la historia y nos quedaremos en la estación de la pobreza donde hemos estado parqueados durante tantas décadas.

Usted menciona en su libro la influencia partidaria en el Poder Judicial. ¿Qué tanto daño puede hacer esta situación en ese futuro prometedor del que habla?

Bueno… esos aspectos indudablemente son negativos. La influencia del partido de Gobierno en el Poder Judicial se da desafortunadamente en muchos países de Latinoamérica y en Nicaragua existe ese problema, no sólo con el partido de Gobierno, sino también con el Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Hay mucha politización a veces de la justicia, eso no contribuye positivamente al futuro del país. Sin embargo, yo hago una reflexión que es la siguiente: cuando el partido de Gobierno o la oposición inclinan la balanza de la justicia en la dirección de la injusticia, ellos tienen que asumir un costo que eventualmente van a pagar en la urna electoral, porque mientras tengamos un proceso democrático y elecciones en las que podamos confiar, mientras tengamos un sistema electoral en el cual podamos confiar y la democracia nos permita escoger a nuestros gobernantes con reglas claras, entonces el pueblo es el que va a ir poniendo a raya las actuaciones de los distintos partidos en el escenario político a través del voto.

Precisamente nos encaminamos a las elecciones municipales de noviembre próximo. ¿Lo que ha vivido la población en el último año, como el alza constante de los precios de los principales productos básicos, qué tanto podrían influir en estas elecciones?

Siempre se ha pensado que la economía influye mucho en las elecciones. Me parece que la economía urbana está muy deteriorada y es probable que los partidos que antes tenían un mayor caudal de votos en sector urbano sufran un poco. En Nicaragua en varias cabeceras departamentales el Frente Sandinista era muy pujante, era más fuerte que los liberales, entonces como en las ciudades la situación está un poco tembeleque y frágil, es posible que el Frente Sandinista vea mermado su caudal de votos en las ciudades. En el sector rural ha sido al revés, los que han estado adelante han sido los liberales, ahora que la situación económica espero mejore en el campo habría que preguntarse si la balanza va a cambiar.

Pero las leyes del mercado son más poderosas que las leyes de la Asamblea Nacional, el mercado tiene mucho más poder que el Gobierno. Y son las leyes del mercado las que están abriendo un horizonte de oportunidades para el sector agropecuario.

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