El Gobierno en su laberinto

Un procedimiento regular de canalización de ayuda externa a través del Presupuesto General de la República no tiene por qué ser complicado ni requerir de tantos vericuetos. Nos referimos a la ayuda producto de la venta concesional de petróleo de Venezuela, inicialmente ofrecida al Gobierno de Nicaragua.

El asesor económico presidencial, Bayardo Arce, explicó que fue “a causa de tanta alharaca de los medios de comunicación que Venezuela decidió otorgar el petróleo por medio de una empresa privada llamada Albanisa”. Pero lo que Arce llama “alharaca” es la crítica de la opinión pública a un gobierno que no quiere ser fiscalizado. Y es que la creación de Albanisa obedece sólo al interés de no dar cuentas de las ganancias que resulten de la venta de los 10 millones de barriles de petróleo al año que el gobierno de Venezuela está enviando a Nicaragua.

Ortega trató de explicar ante la Asamblea Nacional la naturaleza privada de Albanisa y porqué las ganancias del petróleo no pueden ser parte del Presupuesto de la República. Pero no dijo cuáles fueron sus motivaciones para solicitar a Hugo Chávez que no se apegara a los procedimientos ordinarios. No dijo, por ejemplo, que lo que quiere es decidir personalmente sobre el uso de dichos fondos. Esta es la verdad que los nicaragüenses deben comprender y no dejarse confundir con los enredos verbales que Ortega hace en sus discursos.

No hay ningún problema en que este dinero pase por el Presupuesto Nacional de la República. Eso no le causaría ningún daño al país. Por el contrario, tendría las ventajas de que estaría sometido al escrutinio de las instancias fiscalizadoras del Estado; de que el Gobierno pudiera dar en la práctica un buen ejemplo de lucha preventiva contra la corrupción; de que no sería usado para manipular el hambre de los pobres a favor del partido de gobierno; y de que la decisión acerca de cómo invertirlo estaría sujeta al criterio de las bancadas en la Asamblea Nacional y no a la voluntad exclusiva de Daniel Ortega.

Por otro lado, el Presidente sigue argumentando a favor del parlamentarismo. Pero la verdad es que Daniel Ortega seguiría atropellando la institucionalidad y burlando los controles estatales, con o sin parlamentarismo, pues él como persona y sus métodos como gobernante no van a ser cambiados por ningún sistema. Ortega no está trabajando en función de aliviar la crisis económica que sufre el país como producto del huracán Félix, las lluvias de octubre, el aumento del precio del petróleo y, sobre todo, por su mal gobierno que sólo es superado en mediocridad e ineficiencia por su otro gobierno de los años ochenta. Lo único que está haciendo es tratar de asegurar posiciones de poder para los próximos treinta años.

Como parte de esta intención de fondo es que debe entenderse la creación de Albanisa, la cual se convertirá en un organismo de promoción, financiamiento y propaganda de los proyectos políticos de Daniel Ortega y Hugo Chávez. Albanisa decidirá cómo usar el 25 por ciento de las ganancias petroleras, en base a lo que Ortega señale. Repitámoslo de otra manera: el Gobierno de Venezuela, en vez de entenderse con el Estado nicaragüense creó una empresa privada a petición de Daniel Ortega para enviar su ayuda libre de controles.

El presidente Ortega tiene todavía que aclarar qué dará Nicaragua, además del incondicional apoyo al Alba, a cambio de la ayuda venezolana. En un boletín de prensa emitido por Petróleos de Venezuela (PDVSA), se afirma lo siguiente: “Continuamos avanzando en el proceso de unión con el Caribe y Centroamérica, con la idea de fortalecer los lazos de cooperación, complementariedad económica con el gobierno hermano de Nicaragua, compartir el recurso del petróleo con quienes no lo tienen pero cuentan con otros recursos que se pueden explorar juntos”.

Eso de “otros recursos que se pueden explorar juntos” significa que el pueblo de Nicaragua —no Daniel Ortega y compañía— tendrá que pagar de alguna manera la ayuda petrolera sobre la cual el Gobierno, supuestamente, no tiene control. ¿Se puede concebir una manera más sinuosa, confusa, arbitraria y corrupta de gobernar?

Editorial
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