trabajar!
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Como el mundo no se mueve si no es a través de los ejemplos, algunos como yo, sentimos mucho orgullo de tener entre nosotros al pugilista Luis Pérez.
El esforzado chavalo del Reparto Schick, que logró zafársele a su pasado difícil, de pronto estaba convertido en un referente, en un extraño deportista, ante quien resultaba difícil no inclinar nuestra admiración.
Pérez saltó a la notoriedad el 4 de enero del 2003, cuando se volvió el campeón mundial de las 115 libras de la FIB, al vencer por decisión unánime al venezolano Félix Machado en Washington D. C.
Y aún cuando verlo en actividad constante se volvió un problema ajeno a su voluntad (con sólo dos peleas desde la coronación), ahí estaba Luis, siempre presto a mostrar su ejemplo, disciplina, entrega y espíritu de sacrificio.
El sitio seguro para encontrar a Pérez, era el gimnasio, aún cuando no existía fecha para su siguiente pelea. Es más, el propio hecho de haber ganado el título un 4 de enero, mostraba que el muchacho no tuvo Navidad. Se había dedicado a trabajar duro para alcanzar la cima en su categoría.
El problema ha venido ahora. Sus peleas siguen siendo escasas. Pero dejó de frecuentar el gimnasio y su nombre comenzó a aparecer con más regularidad en las páginas de Sucesos, involucrado en problemas, que en las secciones deportivas de los periódicos.
Luis ha dejado de ser un ejemplo, ha dejado de ser un atleta distinto, para recorrer el mismo camino de otros pugilistas, que lejos de promover valores para la juventud, hacen lo contrario.
Sin embargo, nunca es tarde para mejorar. Al menos, aún no le es para Luis, quien por sus condiciones y juventud, puede salir de este mal momento.
Pérez tiene que dejarse de excusas y comenzar a trabajar con la misma seriedad y firmeza, que no sólo le permitió escapar a su pasado, sino que lo convirtió en llamativo ejemplo.