Orlando N. Bonilla
Los acontecimientos políticos de los últimos días refuerzan la necesidad de que los votantes deberán elegir a los diputados que legislarán a partir del año 2007 de una manera individual. No podemos votar con las famosas listas por partidos o llamadas planchas.
Considero que el sistema actual de elegir a los diputados en grupo por partido no conviene al país desde cualquier punto de vista que se le vea. Como ciudadano nicaragüense que no pertenece a ningún partido político pero que está intensamente interesado en el buen andar del país, solicito a todos los gobernantes actuales tomar en serio este tema para las próximas elecciones.
La elección por plancha ha significado los siguientes puntos negativos que sólo caos e ineficiencia han representado para Nicaragua: 1) Gran parte de los diputados electos van montados gratis en la carreta que es halada por los partidos políticos, o sea que los votantes los seleccionan porque son de éste u otro partido y no por sus cualidades.
2) A la hora de votar, vemos una gran lista la cual pone al votante en una encrucijada, ya que observamos que en el partido de nuestra preferencia hay buenos candidatos pero también vemos a excelentes candidatos de otros partidos, pero que no se puede votar por ellos ya que es por plancha.
3) El punto anterior nos obliga a radicalizar más nuestros antagonismos y ceguera política, ya que se nos exige votar por un partido en particular y no por lo que consideramos que son los mejores para el país.
4) Desafortunadamente, lo anterior significa menos pluralismo político a diferencia de votar individualmente por los que a nuestro juicio son los mejores, porque así habría más partidos representados y por otro lado tendríamos lo mejor de cada uno de los partidos y con una asamblea más inteligente y menos polarizada.
5) Yo he votado en las últimas tres elecciones donde se eligieron diputados y me encontré en una situación que miles de otros votantes deben haber encontrado: sólo conocer a ciertos candidatos. Por lo menos un 50 por ciento eran nombres desconocidos y no tenía la menor idea de quiénes eran.
¿Cómo voy a votar por alguien que nunca he oído mencionar y mucho menos saber sobre sus capacidades para ser diputado? El resultado actual de eso es obvio y perjudicial, y continúo sin saber quiénes son, ya que nunca los he oído hablar en la Asamblea y siguen guardando su sabiduría en secreto.
6) Esos desconocidos que mencioné anteriormente que se montaron a la carreta del partido, su agradecimiento es tal que se convierten en clones de los líderes de las bancadas que a su vez son ciegos voceros de los caudillos, y votan devotamente como se les indica. Claro está que estas actuaciones desaparecerían casi en su totalidad si se eligen con nominaciones individuales.
Por otro lado ya es tiempo de cambiar la cantidad de diputados elegidos. Creo que 91 diputados es un gasto innecesario para el país y no hacen mejores leyes sólo por el hecho de ser tantos. Además los pensantes de las leyes son unos cuantos y como dije anteriormente gran parte vota a como se le ordena. Entonces ¿para qué sirven estos últimos si no es para crear abultamiento de presupuesto?
La cantidad de diputados debería ser seleccionada de acuerdo a la población. Cada departamento y región del país debería de tener por lo menos dos diputados originarios de cada área y elegidos individualmente por la población de cada departamento y región, para que así le respondan directamente a sus votantes. Así todas las divisiones geográficas del país estarían verdaderamente representadas y lógicamente las áreas con mayor población tendrán más diputados. Asimismo los diputados nacionales no debieran existir. Los cálculos deberían hacerse para que no haya más de 50 diputados en total.
No me cabe la menor duda que los diputados se opondrían a las elecciones de manera individual así como a aminorar su cantidad, pero tengo la plena confianza que la población aprueba esto de una manera muy mayoritaria, por lo tanto si los diputados como dicen ellos representan al pueblo, entonces, diputados, a someter estas leyes al plenario ¡Se ha dicho!
El autor es Administrador de Empresas y Consultor en Negocios Internacionales.