José Wenceslao Mayorga
Esta figura jurídica que está contemplada como delito en el Código Penal de Nicaragua pareciera integrarse directamente al folclor nicaragüense como una expresión de alegría y contento tradicional entre los jóvenes que se dicen llamar “estudiantes”, cuyo creador y “patrón” de la fiesta, a una señal suya los llama a ponerse las indumentarias clásicas de la referida asonada, como son: cherequeros de la guerrilla popular, antifaces para ocultar sus caras, ropas rimbombantes, morteros callejeros, piedras y bolsas de agua, “danielitos” para ponchar las llantas de los carros o los buses que transitan por las calles de Managua o cualquier otra ciudad del país, garrotes y a veces una que otra pistolita de quebrarse, pero que de ser disparada puede hacer daños personales.
Esta fiesta, por lo nutrido de los concurrentes, se complementa con las tradicionales fiestas de Santo Domingo de Guzmán, San Jerónimo de Masaya y una que otra celebración como la fiesta sandinista del 19 de julio y el también recordado “repliegue estratégico a Masaya”.
La única diferencia es que la ahora conocida fiesta de la asonada no tiene día fijo señalado en el año, sino que puede celebrarse en cualquier momento cuando el patrón de la fiesta así lo disponga, y se pueden celebrar hasta tres o cuatro veces al año, las que son muy concurridas por los que dicen ahora llamarse estudiantes universitarios, la mayoría de ellos de la Facultad de Química, para así poner en práctica sus altos conocimientos en pólvora, azufre y otros tantos similares.
Tales fiestas tienen una duración de tres o cuatro días y son tan alegres que todos los participantes se dedican a quemar llantas viejas, levantar los adoquines de las principales avenidas, disparar sus morteros a diestra y siniestra y fincarse en las calles o avenidas que están arborizadas para poder colgar sus hamacas mientras se ponen a cocinar sobre piedras. Es algo tan alegre y divertido que los turistas que llegan a Nicaragua respetando esta nueva tradición estudiantil prefieren quedarse en sus hoteles para no interrumpir las fiestas de los jóvenes estudiantes universitarios del “nuevo amanecer”.
Esta costumbre, además de ser netamente nicaragüense, está pretendiendo exportarla hacia otros países vecinos para así mantener encendida la identidad, la pasión y la alegría de esos jóvenes corazones encendidos de un alto patriotismo a la tradición cultural de los “hombres nuevos” de Nicaragua, glorificando así la asonada y deje de ser una figura jurídica, para convertirse en una fiesta de la juventud briosa y muy orgullosa de sus raíces sandino-orteguistas. ¡Hurra a la asonada!
El autor es doctor en Derecho.