Léonie Suhr
Ir a la luna, vivir bajo el mar, viajar por los aires, Julio Verne lo soñó. Todo se realizó en el siglo XX. Era un visionario, un escritor inspirado en la formidable explosión técnica de la Revolución Industrial del siglo XX. Él representa una historia de amor con la ciencia y un apetito voraz por las revelaciones técnicas de su tiempo. Los libros de anticipación científica, fundados principalmente en el progreso del hombre, le permitieron la conquista, a la vez positiva y fantástica, de la tierra, los mares y el espacio.
Julio Verne murió a los 77 años, el 24 de marzo de 1905. Un siglo ya, legándonos en sus libros más que una obra de ficción. En 1990, un bisnieto de Julio Verne descubrió en un baúl en el ático de la casa familiar, un manuscrito describiendo el París de los años 1960. En él, describe el París actual, con el metro subterráneo y elevado, los periféricos alrededor de la ciudad, los teléfonos portátiles y la televisión. Este manuscrito de 1863, fue el único libro rechazado por su editor. Se publicó en 1994 y con asombro fue devorado por los fanáticos del escritor.
Las aventuras del Capitán Nemo bajo el mar, del Capitán Hatteras en el Polo Norte, de Michel Ardan en el Viaje hacia la luna; de Michel Strogoff, o del Profesor Lidenbruck en el centro de la tierra, se desarrollan en sitios recónditos e inimaginables del planeta, pero que hoy día han pasado de la imaginación a lo cierto y conocido por el hombre. Ser de actualidad a pesar de los pasos del tiempo es lo que hizo de Julio Verne. Él no transformaba los hechos reales; descubrimientos científicos, geográficos y hechos históricos, éstos son relatados con meticulosidad de la verdad. El único límite suyo fue el conocimiento en el tiempo en el que vivía.
Ahí es que nace el encanto que se renueva libro tras libro. Transforma el comportamiento humano reemplazando las creencias y supersticiones por el conocimiento científico. Julio Verne es considerado como el padre de la ciencia ficción. No fue un inventor; se nutrió de la ciencia y de la historia. Todos estos aspectos serios, misteriosos, secretos, históricos y científicos nos hacen olvidar que el humor y la comedia están presentes en sus obras. Son el contravalor a la percepción del desarrollo del mundo. Sea para aliviar la lectura o para burlarse del progreso.
Recordemos al inolvidable Philleas Fogg, que es descrito como el típico inglés de una cierta clase social, de la cual Julio Verne se burla. La hora del té, tiene que ser exacta, pase lo que pase, bajo cualquier circunstancia. El adorable Passe-par-tout, remarcablemente interpretado en la famosa película Alrededor del mundo en 80 días fue inmortalizado por el inolvidable cómico mejicano Cantinflas. ¡Ay, si Julio lo hubiese podido ver!
En 20 mil millas bajo el mar, pone en valor el submarino fabuloso, El Nautilus, del Capitán Nemo. Precede por 20 años la construcción del primer submarino eléctrico del ingeniero Gustave Zédé. Aún mejor, la alimentación del Nautilus por baterías químicas le dan un siglo de avance sobre el poder de la autonomía de un submarino nuclear. En aeronáutica es igualmente visionario, él tenía la condición que el futuro de la navegación aérea no era a través de globos dirigibles, sino de máquinas más pesadas que el aire. Esta convicción la podemos apreciar en el Albatros en el libro Rubor el Conquistador.
Él creía que la electricidad era el alma del mundo futuro. Cómo no poner en evidencia la omnipresente electricidad en sus obras. Fue testigo entusiasta de la electricidad, el novelista supo apreciar la importancia que ésta iba a tener. Este agente será un día el alma del mundo industrial, predijo.
Tenemos que reconocer que todo lo que Julio Verne imaginó no se ha realizado todavía ni la ciudad flotante, ni el automóvil volador y submarino al mismo tiempo que aparece en el libro Amo del mundo, esto sigue siendo utópico.
Poco importa, finalmente, si Julio Verne fue o no profeta. Su genio se encuentra en sus libros de aventuras, y en despertar el interés de generaciones de lectores en la ciencia y la técnica. Sus héroes, exploradores, sabios, ingenieros nos arrastran en los viajes extraordinarios de los mundos conocidos y desconocidos. Con ellos compartimos la alegría de la sed del descubrimiento y enriquecemos nuestros conocimientos. En los libros que escribió al final de su vida realizamos los peligros que corre la humanidad con un progreso científico demasiado rápido y mal administrado.
Francia celebró el centenario de Julio Verne con varios acontecimientos. El más espectacular fue en el Estadio de Francia en París, el cual duró varios días. El estadio se transformó en cráter, simulando un ambiente del Viaje al centro de la tierra. Un espectáculo con 360 artistas y maravillas de fuegos artificiales. Creo que Julio estaría muy contento de presenciar este fantástico espectáculo. Por nuestra parte, seguiremos leyendo sus obras, fascinados de principio a fin.
La autora es guía del Museo Louvre, de Francia.