Migdonio Blandón [email protected]
Inexorablemente el tiempo pasa. Como transcurre la vida de cada persona hasta su determinado fin, así también los recuerdos pasan, la densa nube del olvido al paso de los años los va cubriendo.
Pero cuando los recuerdos han sido marcados por sincero afecto en el disco duro de la memoria, con lucidez perduran, mientras no se ha recibido la visita de “don Alberto”.
De manera muy especial, hoy, 23 de noviembre del 2004, recuerdo a un amigo que fue víctima injustificada de un vil asesinato. Me refiero al doctor Arges Sequeira Mangas, que por su lucha cívica contra las innumerables arbitrariedades del totalitario régimen del Frente Sandinista (FSLN) de los fatídicos años ochenta, el que de cierta manera ha seguido “gobernando desde abajo” desde la Presidencia de doña Violeta, mediante el Protocolo de Transición, ampliamente fortalecido con la amnistía que recibieron. Por lo que impunemente, como revancha, sicarios desalmados “ajusticiaron” a Arges Sequeira el 23 de noviembre de 1992.
Por tal razón a la memoria del extinto y recordado amigo doctor Arges Sequeira Mangas, en su duodécimo aniversario, a las 7 de la mañana y a las 5 y media de la tarde, en la parroquia de San Agustín, hoy martes 23 del corriente se oficiará una misa.
Es creíble sí, que aunque humanamente haya tenido deslices, por su conducta que podría decirse intachable, enmarcada en principios cristianos, Dios, en su infinita misericordia, con los bienaventurados lo tiene en su seno.
Así como aquí, desde su posición de presidente de Upanic, de la Asociación de Confiscados y de vicepresidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), con especial coraje cívico luchó por la restauración de los derechos ciudadanos que fuero oprobiosamente confiscados por la dictadura de la década fatídica, asimismo, ahora en la presencia del Altísimo debe interceder porque no retorne la debacle anterior, amenazada por la falta de mesura de la política actual, o más bien dicho de los políticos que deciden sobre la suerte y la vida de la nación.
Por la memoria del doctor Arges Sequeira, de Jorge Salazar, de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, de los millares de víctimas que produjo la pasada guerra fratricida, de los centenares “ajusticiados” posteriormente a la susodicha e infortunada contienda y, últimamente, Carlos José Guadamuz y María José Bravo Sánchez.
Por todos ellos y muchos más que en distintas fechas han empapado con su sangre el suelo patrio, al recordarles en las misas ofrecidas al Señor, pidámosle que en nuestra tierra germine la verdadera paz.
Para tener tan benéfica cosecha, más que reformar leyes que siempre se tergiversan, teniendo una tierra tan bien abonada, es preciso una renovación interior, absorbiendo a todo pulmón el oxígeno del civismo, que enriquecido por la memoria de nuestros próceres y mártires, al erradicar los gases venenosos de la egolatría y la idolatría a falsos y efímeros dioses, con el ánimo lleno de elevados sentimientos, lograríamos un grandioso futuro.
Dios al darnos la vida y los preceptos para vivir a plenitud, nos ha dado también las posibilidades de lograrlo, pero respetuoso de los dones que con la vida nos dio, nos ha dejado la opción de forjar nuestro destino, pero si apáticos sin que nos interese, lo dejamos en manos irresponsables, se pierde todo incluso la paz anhelada.
Asumamos con responsabilidad nuestros derechos y deberes. Para evitar el caos hagámoslo por las pasadas y futuras generaciones.
¡Qué Dios nos ayude!
El autor es miembro de Eduquemos