La herencia aprovechable de Carlos Marx

César Augusto Bravo [email protected]

Cuando nació en París Jean François Champollion (1790-1832) un brujo dijo: “Este muchacho resucitará idiomas muertos”. Con el caminar de los años y desde muy temprana edad Champollion se hizo un experto en lenguas antiguas, y tras estudiar la Piedra Rosetta logró interpretar los códigos egipcios, consumándose una de las hazañas más memorables de la egiptología.

Qué pasaría si por cada niño que nace existiera una persona capaz de vaticinar su futuro. Acaso habría, con el nacimiento de Bonaparte, Hitler, Fidel Castro, Stalin, Daniel Ortega, Alemán, un Oráculo de Delfos pidiendo su ejecución por el bien del Estado. Cuando el 5 de mayo de 1818 nace en Alemania, de padres judíos, Carlos Marx, nadie hubiera sospechado que traería una forma diferente de ver y conocer el mundo.

Es muy probable que la mayoría de los nicaragüenses asociemos el nombre de Marx con los diez años de suplicio que vivimos en los años ochenta. Pero, ¿cuáles fueron las circunstancias e influencias que moldearon el pensamiento de Marx? Cada época tiene su propia visión de la historia, es lo que dijo José Ortega y Gasset, y convendría recordar que desde que el hombre le dio el valor de mercancías a las cosas se dio el surgimiento de la separación de las clases, y desde entonces las desigualdades han sido enormes. En 1776, el principio de “laissez faire” sostenía que debía dejarse el mundo económico en manos de sus propias leyes naturales, aunque por debajo de los abusos de los sistemas fabriles se potencializaba una revolución de masas, pues alguien o algo debía oponerse a las injusticias del sistema que condenaba a las mayorías a la miseria, proporcionándole a las minorías riquezas exorbitantes. Desgraciada fue la situación de los trabajadores de las fábricas, clase social que se nutría de artesanos y campesinos arruinados. El alguien fue Carlos Marx y el algo el partido socialista, que tomaron la responsabilidad de apuntalar el ideal que consideraba la libertad económica y el libre cambio como el sistema que sólo servían para el enriquecimiento de unos pocos en detrimento de las mayorías, provocando la anarquía y la desigualdad social. Por ello era necesario renunciar al liberalismo económico y levantar la sociedad sobre nuevas bases.

El comunismo —término que fue utilizado por primera vez por Tomás Moro y que resurge cuando Marx y Engels, padres del comunismo científico, se lo adosaron al Manifiesto que les encargó la Liga de los Justos— fue implementado en varios países del mundo con resultados no deseados, pues desde que se empezó a implementar tomó el rumbo equivocado. Marx había dicho que los países más desarrollados iban a ser los primeros países comunistas, lo cual nunca fue así ya que el primer país en adoptar este sistema fue Rusia, uno de los más empobrecidos y menos industrializado en aquel entonces.

Una pésima interpretación del ideario de Marx fue la de Stalin, al analizar de manera equívoca la famosa frase: “La religión es el opio de los pueblos”, y mandó a destruir todas las iglesias y catedrales de Rusia. La verdadera interpretación la encontramos al ver cómo las mujeres en los países islámicos aún son objeto de los más brutales atropellos, enumerando el hecho de que las adúlteras mueren apedreadas. El islam mantiene aún en el medievo a Oriente, como una vez lo hizo la religión católica con Europa. Además, Marx, Engels y ningún socialista contemporáneo a éstos, propugnaron por abolir la propiedad privada particular, tan sólo se nacionalizarían las que eran utilizadas como medios de explotación hacia otras personas.

Tampoco se trata de aceptar como buenas el ciento por ciento de las ideas marxistas, sobre todo si retomamos el pensamiento de Alexandr Solshenitzin quien una vez dijo: “La igualdad es intrínsecamente contradictoria a la libertad, lo mismo que la libertad es intrínsecamente contradictoria a la igualdad”. Por esta razón hoy se habla de igualdad de oportunidades.

Aún cuando ha disminuido de manera significativa el número de países comunistas la izquierda es una realidad en todo el mundo, y como protesta ante las políticas esclavizantes del capitalismo salvaje (globalización) —que tanto promueve el señor de El Raizón— vemos cómo ésta ha tomado el poder en varios países como Venezuela, Brasil y más recientemente en España. A pesar de que la izquierda actual se mantiene fiel al marxismo difiere en sus principios, objetivos y formas de gobierno.

Cuando Carlos Marx legó su obra cumbre El capital dejó los contrapesos necesarios para detener, en lo posible, el sistema que amenaza convertir al mundo actual en la Inglaterra del siglo XVIII.

Editorial
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