Felipe Salgado Blandó[email protected]
Muy poco se conoce sobre la historia y la existencia de las seis diferentes razas que hay en el Caribe de nuestro país: sumos, ramas, garífonas, mískitos, creoles y mestizos. A este último grupo pertenezco como ciudadano costeño, cada raza con diferentes costumbres y tradiciones pero marcados por una misma historia que nos hace formar una sola nación costeña.
Vi por televisión la conmemoración del Centenario de Bluefields como ciudad, acto realizado en el único estadio de nuestra ciudad, y aunque no estuve presente para gozar de ese solemne día, puedo decir que han surgido argumentos positivos y negativos para el gobierno del presidente Bolaños. Algunos ciudadanos han opinado que la actividad fue meramente política, en cambio otros consideraron muy buena la diligencia. Con ambos grupos comparto mi opinión. Pero creo que en vez de politizar una fecha tan especial (el Centenario de Bluefields) nos deberíamos preocupar más por rescatar nuestros valores históricos culturales que seguir aceptando los catastrófico sucesos de nuestra realidad económica, política y social. En parte la responsabilidad recae sobre nuestro gobierno regional.
La Ley 28 (Estatuto de Autonomía) está subordinada al principio de legalidad consagrado en la Constitución Política. Pero la ley fue creada debido al reconocimiento estatal de las diferencias y uso de derecho consuetudinario de las etnias de la Costa Atlántica que requieren un trato distinto por parte del Estado. Esto implicó la cesión de un derecho público que nos permite ser un ente público territorial, con la potestad de poder crear actos legislativos regionales y establecer una descentralización administrativa regional.
“No hay democracia cuando no se respeta el derecho de un pueblo”. A esto hay que agregar la falta de conocimientos que muchos ciudadanos costeños tenemos en cuanto al Estatuto de Autonomía, que no define claramente las competencia del gobierno central. Reflexionando sobre esto puedo decir que en vez de firmar tratados, deberíamos buscar solución para la protección de nuestros recursos naturales, formar una economía cooperativista que permita generar empleos para el sector productivo en nuestra región, crear escuelas de artesanía, formar grupos de danza y desarrollar un ecoturismo que ofrezca nuestra diversidad étnica. ¿Por qué no reconstruir el parque de nuestra ciudad o construir parques infantiles en algunos barrios, formar ligas deportivas que motiven a los jóvenes al deporte para alejarlos del mal que acecha a nuestra ciudad (narcotráfico y consumo masivo de drogas)? ¿Por qué no construir un albergue que preste condiciones óptimas para niños pobres de las calles y adolescentes involucrados en la drogadicción, y reconstruir la seguridad ciudadana que Bluefields tenía hace unos años?
Eso sin mencionar los problemas de pobreza, salud, educación y desarrollo de microempresas que se requiere para formar una sociedad íntegra con desarrollo económico, social y cultural para sentirnos costeños espléndidos.
Hay mucho por hacer. No basta un decreto que sólo nos lleva a una ilusión para nuevamente caer en el olvido. Espero que los compromisos adquiridos por el presidente Bolaños se ejecuten para beneficio del desarrollo de nuestra ciudad. Para los ciudadanos que miraron con prosperidad el decreto firmado el pasado 11 de octubre de 2003, en el que se decretó a “Bluefields, capital por un día”, la visión es buena cuando hay antecedentes que nos permiten ser integrantes de una democracia participativa, equitativa e igualitaria.
El autor es estudiante universitario.