El regreso del algodón

Gilberto Cuadra Solórzano

Lejanos están los días en que Nicaragua exportaba cerca de tres millones de quintales de algodón desmotado por año. En esos tiempos se vendía a precio promedio de 41 dólares por quintal y se llegó a cultivar hasta trescientas mil manzanas de algodón, en 1978. Hoy las tierras están ahí, pero baldías. Según el inventario de suelos hecho por expertos, hay más de 250,000 manzanas de tierra en Occidente óptimas para este cultivo.

Dos son las causas principales que hicieron desaparecer el cultivo del algodón: 1) bajas en los precios internacionales por sobre producción en varias regiones del mundo y subsidios gubernamentales. 2) altos costos de producción y bajos rendimientos por manzana. La primera causa que llevó al colapso del cultivo en la década de los ochenta fue la de los precios internacionales, que estaban por debajo de los 25 dólares por quintal. Esto significó que por mucho que se sembrara algodón, a esos precios la pérdida era segura. Además, con los altos costos de producción y bajos rendimientos por manzana, no había posibilidad alguna de continuar sembrando más y masivamente la mota de oro.

¿Por qué se dispararon los costos de producción? Las plagas fueron la mayor limitante en la producción algodonera. Su control descansaba en el uso de insecticidas químicos. A pesar de exitosos esfuerzos en el control integrado de plagas durante los años setenta y ochenta, la protección fitosanitaria se llevaba el 30 por ciento de los costos de producción. Este sistema era tolerable con los insecticidas baratos como DDT y Metil. En los años ochenta tales insecticidas desaparecieron por razones ecológicas. Llegaron productos caros, como los piretroides y miméticos de hormonas. Pronto hubo resistencia a los piretroides necesitándose un número creciente de aplicaciones con costos cada vez mayores.

El gobierno en los ochenta subsidió hasta el 90 por ciento del valor real de los insecticidas. Bajo el paraguas de los subsidios y donaciones no hubo motivación para modernizar la producción algodonera. Los insumos baratos impidieron el manejo integrado del cultivo.

El toque final a la muerte anunciada del cultivo fue el bajo rendimiento por manzana. El algodón se cultivaba con un sistema de producción anticuado, en uso desde la década de los cincuenta, sin mayores cambios. La maquinaria era anticuada y obsoleta. Arados y gradas de disco causaron duripán, que no deja que el suelo almacene el agua. El cultivo sufre en períodos de sequía botando pachas. Los implementos de discos favorecieron la erosión y la proliferación del coyolillo. Esta maquinaria no eliminó el retoño de los rastrojos permitiendo la sobrevivencia del picudo. La destrucción oportuna de los rastrojos nunca fue eficiente.

Los herbicidas se aplicaban sobre todo al campo en vez de limitarlas a una banda sobre el surco. Debido a que no controlaban bien al coyolillo, solamente eliminaron las plantas competidoras del mismo. Los fertilizantes nitrogenados se aplicaban excesivamente, promoviendo un crecimiento frondoso del cultivo de hasta dos metros de altura, así como un atraso en la maduración de la cosecha. En las selvas algodoneras se podrían las cápsulas abajo de las plantas. Los insecticidas aplicados por avión no penetraban y las plagas continuaban destruyendo las guayabas. Solamente la parte de arriba de las plantas se lograba cosechar.

La desaparición del algodón fue catastrófica para la economía del país, golpeado severamente por la actividad empresarial del Estado en los años ochenta. Antes el algodón había generado trabajo para medio millón de personas; su desaparición acabó con la circulación de 40 millones de córdobas diario, en Occidente. El fin del algodón impactó además a la pequeña y mediana industria, al comercio y a los servicios conexos. El Puerto de Corinto se vio condenado a la inactividad.

Hoy en día, el sistema de cultivar algodón ha cambiado en todo el mundo. El algodón ya no es el contaminador ambiental de antaño. Ahora se usan pocos insecticidas y los que se emplean son bio-racionales. Hoy se usan variedades modernas de ciclo corto. Si otros países, como México, Colombia, Argentina, Paraguay y Brasil pueden producir algodón, ¿por qué no puede Nicaragua?

Por razones del Cafta, pronto a firmarse con los Estados Unidos, el cultivo del algodón adquiere una importancia toral en la economía nacional. La importancia de las reglas de origen en este nuevo contexto es clave. Hay que promover este cultivo que de acuerdo a las actuales experiencias mundiales es rentable y sostenible, pues se manejan precios entre 50 y 59 dólares por quintal. La producción del algodón y de la tela que se usa en la maquila en las zonas francas representa una oportunidad que hay que aprovechar para generar masivamente empleos productivos y permanentes.

El autor es empresario privado, ex presidente del Cosep.

Editorial
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