Santa Teresa de Calcuta

Rhina Urcuyo de Chamorro

Hablar de la Madre Teresa es nunca terminar de explicar su trabajo, sus virtudes, su entrega en este mundo; el legado que la Madre dejó en todos nosotros y en especial en la orden de las misioneras de la caridad llena de orgullo a los creyentes y ayuda a aportar un granito de arena en su grandiosa obra, pues, como decía ella, “lo que estamos haciendo es sólo una gota en el océano, pero el océano sería más pequeño si le faltara aquella gota”.

En Nicaragua comenzamos a trabajar con las Misioneras de la Caridad desde los años 80. Así fue que el Señor Jesús nos dio el regalo de poder conocer a esta gran mujer, pequeña de estatura pero grande de alma; pudimos escuchar sus consejos que enviaba por medio de cartas mensuales a todas sus colaboradoras. En ellas nos transmitía su sabio amor a Dios y a su Madre, su entrega a “los más pobres de los pobres”, y nos enseñó que el servicio a ellos es darse hasta que nos duela. Los años de vida de la Madre fueron ejemplo de los dones y virtudes que el Señor le regaló, y ahora, aún en su ausencia podemos ver los frutos que se multiplican en todo el mundo con más Misioneras, más casas y más colaboradoras. Es el amor hecho acción.

Sus escritos son enseñanzas para la sociedad y en especial para sus colaboradoras, pues en sus cartas nos habla del “tengo sed”. Ella nos decía que Jesús tenía sed de nosotros que nos amaba aunque nosotros no nos sintiéramos dignos de Él, aún cuando no nos sintiéramos aceptados por los demás o quizás por nosotros mismos; que Jesús es el único que nos acepta siempre”. También nos hablaba del gran amor que Dios le tenía a ella por haberle permitido formar la Orden de las Misioneras de la Caridad, ya que por medio de ellas se podía saciar la sed de Jesús con amor y alegría. Al mismo tiempo ella estaba recordando al mundo la sed de Jesús, algo que había sido olvidado por todos nosotros, pues el corazón y el alma de los Misioneros de la Caridad es solamente esto: la sed del corazón de Jesús escondido en los pobres. Ésta es la fuente de cada parte de la vida de todas ellas, es la culminación de su cuarto voto. El espíritu de nuestra sociedad, el poder saciar a Jesús vivo en nuestro alrededor, fue el único propósito en la vida de ella, la meta que la ayudó llevar a cabo esa gran misión que Jesús encomendó a la Madre Teresa de Calcuta.

En este mundo a veces resulta imposible saciar la sed de Jesús porque vivimos apegados a los sentimientos del mundo: rencores, odios, comodidades, envidias, y así es muy difícil escuchar a Jesús dentro de nuestros corazones. Pero el consejo que la Madre Teresa da en esta oración nos puede ayudar a ser partícipes del reino de Dios en este mundo, y así ayudar a continuar la misión que nos dejó:

El fruto del silencio es la oración.

El fruto de la oración es la fe.

El fruto de la fe es el amor.

El fruto del amor es el servicio.

El fruto del servicio es la paz.

La autora es colaboradora de las obras de Madre Teresa de Calcuta.

Editorial
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