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Un referéndum de doble vía
Durante la crisis venezolana la oposición a Hugo Chávez creyó que todo se reduciría a un referéndum que determinaría la permanencia o salida del poder del controvertido Presidente. Éste, sin embargo, en una jugada sorpresiva forzó a incluir en la consulta popular conforme el arto. l7 de la Constitución a todos los funcionarios electos. Ello comprenderá a una serie de gobernadores y alcaldes antichavistas que ahora deberán someterse al dilema de irse o quedarse conforme a los resultados conseguidos.
Dada la polarización, fue difícil que los adversarios polarizados junto a todo el país alcanzaran un arreglo después de más de un año de tumultuosas manifestaciones, muchas de ellas sangrientas e innumerables sesiones de negociación. Fue asombroso que se llegase a un consenso después de una larga lista de accidentados eventos entre los que se incluye la arrogancia y popularidad del presidente Chávez, la agresividad en las calles de Caracas; el frustrado golpe de Estado del 11 de abril del 2002, cuando unos dedos traviesos y nerviosos del Departamento de Estado de Estados Unidos estuvieron a punto de chamuscarse; parálisis temporal de la industria petrolera, con pérdidas económicas cuantiosas; aumento del desempleo y más miseria; más aún la anulación a última hora de cuatro millones de firmas colectadas por los adversarios de Chávez y que el Tribunal Nacional Electoral declaró extemporáneas.
Por lo menos los acuerdos logrados eliminan la posibilidad de una alteración del orden constitucional, al cambiar la violencia por la ley. Así, fue clave la paciencia de negociar la integración de los 15 miembros del Tribunal Nacional Electoral. Al mismo tiempo convinieron las partes en: l) Mantener despejada la ruta hacia las urnas; 2) Garantizar la ausencia de violencia; 3) Pedir la presencia de testigos internacionales para avalar el proceso; 4) Que ambos lados aceptarían el resultado del referéndum. Esto último significa que si Chávez pierde, dejará el mando y se convocará a nuevas elecciones, donde aquél no podrá ser candidato. Si las gana, podrá completar los doce años que con una reelección permite la Constitución.
La pregunta de fondo es ¿por qué sucede todo este drama venezolano que pone en dudas la solidez de la democracia latinoamericana después de recuperarla hace apenas cuarenta años? ¿Se trata de un sistema político no apto para países con un bajo grado de cultura cívica? ¿O es más bien el resultado del quiebre de instituciones débiles frente a la fuerza vernácula y carismática del caudillo?
Nos preguntamos lo anterior porque siempre se creyó que Venezuela gozaba de todos los requisitos para mantener un régimen democrático de vida. En efecto, disponía de una fuerte economía basada en el petróleo, contaba con dos partidos tradicionalmente fuertes (COPEI y Acción Democrática); posee además un ejército que se había sometido a la autoridad civil ya curado de los espantos del golpismo y finalmente se trata de una sociedad como la venezolana sin graves conflictos, que hasta hace poco gozaba de un alto estándar de vida. Sin embargo, todo ese cúmulo de calificaciones fueron desapareciendo poco a poco, a medida que los partidos históricos se desprestigiaban por ineptitud o la corrupción y se deterioraba gravemente la situación económica del país debido a la baja en picada de los precios del petróleo
Y de pronto, en ese escenario erosionado, surge un frustrado militar golpista que acapara todo el descontento, se adueña de la voluntad e imaginación de la inmensa mayoría de sus ciudadanos y se hace aprobar una Constitución diseñada a su medida autoritaria y soñadora. Se apodera así, en una marcha indetenible de la incondicionalidad, de un pueblo ansioso de un salvador populista que diera solución a sus problemas a corto plazo. Hugo Chávez con indiscutible carisma y una conducta entre errática e ineficaz libra victoriosamente cuatro batallas cívicas impecables para fundar su famosa República Bolivariana basándose sólo en los estratos marginales, el ejército y la Asamblea.
Pero cualquiera que sea el resultado del referéndum de doble vía, éste y los acuerdos que le acompañan son sin duda mecanismos que si se aplican con madurez garantizarán la salida de la crisis.