Prepararse para la globalización

Migdonio Blandón

Con el arrollador avance de la globalización, aprovechar debidamente la tecnología mejora la producción y el mercadeo; y al utilizar de manera positiva los medios de comunicación y obviar fronteras y obstáculos, nada detiene el progreso socioeconómico que lleva mayores beneficios a los países que, por haberse capacitado mejor, tienen mayor posibilidad de crecer en distintos conceptos.

Tal avance es inevitable por la absorción tecnológica que llega a límites inimaginables en la conquista del orbe y ha hecho que se le reconozca como “aldea global”. De modo que lo sensato es obtener la mejor preparación posible, adecuándose a los sucesivos cambios que los descubrimientos de siglos han producido, sobre todo los tecnológicos, del siglo pasado.

Se debe negociar buscando obtener efectiva seguridad y el beneficio necesario, utilizar la experiencia de los distintos TLC y ver que los productos de intercambio estén libres de subsidios.

Craso error es que por temor a los cambios no se adquieran ni asuman los conocimientos necesarios para seguir adelante en la lucha por la subsistencia. Ese sentimiento negativo, sin el blindaje de la fe, anonada y desespera, lo que puede llevar hasta su determinado fin. Digo determinado porque nada sucede si Dios no lo permite, salvo que al desvincularse de Él que todo lo puede un atribulado llegara a fatales actitudes, incluso al suicidio, que es la mayor desgracia.

Por ninguna eventualidad negativa debe caerse en la desesperación cortando el vínculo divino, sino asirse a la fe y dar gracias por lo que sea, que Él sabe en su tiempo compensar. Sólo Dios conoce lo conveniente a todas y cada una de sus criaturas. Conviene, sí, capacitarse específicamente en lo de mayor interés y adquirir la necesaria confianza para enfrentar eventualidades, ubicándose con decisión y coraje en el lugar donde las circunstancias le ubiquen, asumiendo con integridad su responsabilidad.

Mi padre repetía este refrán: “Hay que trabajar como inmortal y vivir como mortal”, el que creyéndolo válido ha confirmado mi fe y filosofía de vivir. Hay que animarse a enfrentar los retos positivos, y la globalización es uno de ellos. Viene de nuestros ancestros intercambiar y asimilar conocimientos que, mezclados, han sido base de civilizaciones pasadas y fundamento del presente.

Por su geografía y población Nicaragua tiene múltiples atributos naturales aprovechables, a pesar del atraso que hay en muchos aspectos y del que generalmente se culpa a los gobiernos. Pero al tenerse lo potencial basta cambiar actitudes negativas, hacer conciencia cívica a todos los niveles, luchar por cambios éticos y equitativoss.

Da pena reconocer que el atraso es debido a ignorancia y egolatría, producto de politiquería, apatía e individualismo, de lo que todos tenemos parte de culpa. Los gobiernos deben administrar con eficiencia, impulsar la educación, cuidar la salud integral y adecuar condiciones óptimas para inversiones nacionales y extranjeras. A la vez el sector privado, bien capacitado y abriendo fuentes de trabajo, reduciría la desocupación y la pobreza; contribuiría al erario, produciría divisas, y bien explotada la riqueza potencial se saldría del subdesarrollo y se entraría al sitial que Nicaragua merece.

El cambio positivo es necesario, imprescindible para salir de la mediocridad. No hacerlo sería nefasto.

El autor es miembro de Eduquemos.

Editorial
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