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Si el futuro de los migrantes dependiera del plan de desarrollo elaborado por el gobierno de Enrique Bolaños, más de 300 mil nicaragüenses que viven en Costa Rica tendrían que esperar hasta 25 años para volver a su país.
Eso me hace pensar que una buena parte de los nicas migrantes retornarían a su patria ya pensionados, tal vez más como turistas que como obreros calificados o profesionales, porque habrían cumplido 60 años de edad o estarían cerca de cumplirlos.
Otros con menos edad, lo más probable es que opten por quedarse en Costa Rica, si tienen allá una residencia estable y la posibilidad de conseguir una pensión de retiro más ventajosa.
Todo indica que la migración nicaragüense dejó de ser problema para Costa Rica, porque de los nicas que se han establecido allá 200 mil ya legalizaron su residencia y más de 100 mil podrían lograrlo a mediano plazo.
Los nuevos migrantes tienen dificultades para obtener empleo en territorio tico y se limitan a estar allí en temporadas agrícolas, pero cuando pasan más de un mes sin trabajo buscan cómo regresar.
Por eso son importantes los compromisos que están negociando los ministros del Trabajo de Nicaragua y Costa Rica, para regular la afluencia de trabajadores nicas a las zonas productivas ticas, de tal manera que entren legal y reciban todos los beneficios sociales que señalan las leyes.
Es lejana la posibilidad de que los nicaragüenses migrantes regresen a trabajar de lleno a su tierra natal y el mismo presidente Bolaños ya dijo que la economía del país tardará 25 años para recuperarse, según su estrategia de desarrollo.
Mientras tanto, habrá que buscarle trabajo afuera a los nicaragüenses desempleados, porque en los otros países las fronteras están cada vez más vigiladas y las oportunidades de trabajo han disminuido.
Como ha sido común que las oleadas migratorias aumenten durante los períodos de cosechas, de caña, café o melones, conviene que los ticos contraten la mano de obra nica a través de los ministerios del Trabajo y los empleadores paguen lo justo.
A los trabajadores nicas les favorece y al gobierno de Costa Rica también porque recaudará más ingresos por Seguridad Social, aunque vale aclarar que los migrantes nunca han sido una carga para ese país porque han aportado su fuerza laboral a la economía, por un salario mínimo que pocos ticos, tal vez ninguno, aceptan.
Un convenio laboral amplio entre los dos países también liberaría a los migrantes de las estafas de los “coyotes” o traficantes que los cruzan por los puntos solitarios de la frontera, donde arriesgan hasta la vida.
Si Costa Rica aceptara conceder visas de trabajo por tres o seis meses, lo más probable es que los nicas indocumentados que aprovechan las temporadas agrícolas, vayan y vengan sin ningún interés de quedarse allá, porque su misión principal es ganar y ahorrar, para alimentar a sus familias y hasta cultivar pequeñas parcelas en Nicaragua.