La cultura del cortoplacismo

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La cultura del cortoplacismo





El ex presidente de Costa Rica, Oscar Arias (1986-1990), ganó el Premio Nóbel de la Paz por su contribución a la pacificación y democratización en Centroamérica, y adquirió dentro de su país e internacionalmente una merecida reputación de buen estadista.

Pero en los últimos tiempos la reputación política del ex presidente costarricense se ha quebrantado, debido a su gran ambición de volver a gobernar Costa Rica, para lo cual ha impulsado una campaña desafortunada en demanda de que se reforme la Constitución de Costa Rica y se suprima la prohibición de la reelección presidencial.

Atrapado por el “síndrome del figureo” dentro de su país y a nivel internacional, Oscar Arias vino a Nicaragua la semana pasada a dictar una conferencia en la que su principal oyente fue el presidente Enrique Bolaños. Y aprovechó Arias la oportunidad para departir con el caudillo sandinista Daniel Ortega y regañar públicamente al presidente Enrique Bolaños.

“Don Enrique (Bolaños) me hablaba de un plan de desarrollo de 25 años, a mí lo que me interesa (saber) es qué quiere hacer Nicaragua mañana, la semana entrante, el año entrante”, dijo Arias a los periodistas, quien, además, “se mostró sorprendido de que en Nicaragua los temas fundamentales sean políticos y se desatiendan los aspectos de desarrollo que proporcionarán mayor bienestar a la población, planteamiento que comparte plenamente Ortega” (LA PRENSA, jueves 14 de agosto de 2003).

Aparte de lo improcedente que el Presidente de la República asista a escuchar una charla de cualquier persona, aunque sea un ex Presidente extranjero, lo que demostró Oscar Arias con sus expresiones sobre Nicaragua es desconocimiento de la realidad nacional, o simplemente se dejó llevar por los criterios inevitablemente sesgados del comandante sandinista Daniel Ortega.

En efecto, si de algo se ha criticado siempre a los políticos y los gobernantes nicaragüenses es de que no tienen visión ni planes de mediano y largo alcance, de que son cortoplacistas y sólo se ocupan de los asuntos del día a día, “de mañana, la semana entrante, el año entrante”, que son los únicos que según Oscar Arias debe atender el Presidente de Nicaragua.

Pero con respecto a la intención del presidente Enrique Bolaños de buscar consenso para aprobar y ejecutar un plan nacional de desarrollo en los próximos 25 años, lo menos que se podría hacer es verlo con simpatía, sin perjuicio de que también es necesario señalar que el Gobierno no debe descuidar sino más bien atender mejor los problemas del día y del corto plazo. Y a pesar también de que es necesario señalar que por muy bueno y viable que parezca semejante plan nacional de desarrollo, es prácticamente imposible que tenga éxito dada la naturaleza cavernaria de quienes obligatoriamente tendrían que aprobarlo legalmente, es decir, los políticos que dominan la Asamblea Nacional y que están enquistados también en otras instituciones del Estado. De manera que lo más seguro es que dicho plan del presidente Bolaños sólo servirá para enriquecer el archivo nacional de las grandes propuestas.

En todo caso, de lo que siempre se ha acusado a los políticos y a los nicaragüenses en general es de ser cortoplacistas. El doctor Emilio Álvarez Montalván, gran estudioso del ser nicaragüense, asegura que el cortoplacismo es un vicio de nuestra cultura política y lo define como “el apego a una visión muy limitada y mezquina de las necesidades básicas del país… no se le aprecia como un ‘continuom’ de etapas interconectadas y solidarias (pasado, presente y futuro) que permita prever y cuantificar su desenvolvimiento. La percepción que se tiene es desintegrada y fugaz, no integrada a una realidad de mayor alcance. Ese tipo de visión estrecha conduce a los actores a repetir errores”.

Pero he aquí que cuando alguien propone un plan de desarrollo de largo o mediano plazo, e intenta romper la nociva cultura política cortoplacista, hasta un extranjero viene a reforzar el rechazo de los obtusos opositores criollos y a recomendarnos que sigamos friéndonos en el aceite del día a día. ¡Qué tal!

Y en cuanto a que los nicaragüenses sólo nos ocupamos de política y no de los problemas fundamentales, es una apreciación de Oscar Arias que vale la pena enfocarla por separado.

Editorial
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