Zarpazos a los artistas nicaragüenses

Evelyn Martínez

“En condiciones adversas, el artista florece”.

El Marqués de Sade

En la más reciente embestida contra los artistas, la Dirección General de Ingresos (DGI) pretendía darle no solamente un zarpazo a los artistas sino ¡cuatro zarpazos!:

1er. zarpazo: cobrar el 15 por ciento de la taquilla que corresponde a los artistas.

2do. zarpazo: cobrar el 15 por ciento de lo que cobra el teatro por el alquiler (que también lo pagan los artistas).

3er. zarpazo: cobrar impuestos, aranceles fiscales y aduaneros a los artistas que importen o reciban donaciones de materiales, equipos o instrumentos.

4to. zarpazo: cobrar impuestos por la introducción de obras de arte.

Desde 1990 los zarpazos de los gobiernos de turno han sido de antología en contra de los artistas:

Desmantelamiento del Instituto Nicaragüense de Cine (Incine).

Desmantelamiento de la Empresa Nicaragüense de Grabaciones (Enigrac).

Desmantelamiento del Sistema Sandinista de Televisión.

Deterioro total de La Cinemateca.

Estancamiento y deterioro del Centro Cultural Managua.

Suspensión del mantenimiento directo del Estado a la Orquesta Nacional y al Teatro Nacional Rubén Darío.

Recortes al presupuesto del Instituto Nicaragüense de Cultura (el más bajo de Centroamérica, al extremo que da vergüenza).

Nombramiento de funcionarios que no son idóneos para el puesto.

Despido de valiosos elementos que laboraban eficientemente en el Instituto de Cultura.

Desvío de los fondos para la producción artística asignados por ASDI.

Total indiferencia hacia la dramática situación financiera por la que está pasando Radio Güegüense.

La disgregación de los grupos artísticos, especialmente del teatro, a través del ahogamiento económico.

El descalabro, desorden y anarquía que prevalece en todas las diferentes escuelas de arte. Éstos son apenas algunos de los zarpazos.

Debido a estos zarpazos, estos gobiernos han obligado a algunos artistas a retirarse, otros a buscar otro medio de sobreviviencia para ellos mismos subvencionar su arte y poder sobrevivir, otros han sacrificado la creatividad para dedicarse a amenizar fiestas, bares y restaurante y otros a “matar el chivo” como le dicen en el argot musical a “los rumbitos” y otros, se han ido del país. Imagínense si hubieran logrado los más recientes cuatro zarpazos mencionados, estaría preparado el camino para la desaparición total de los artistas, que con grandes sacrificios y mucho amor al arte y a nuestro país, hemos venido trabajando en pro de la cultura para elevar el nivel cultural de nuestro pueblo.

Así de dramática, así de vergonzosa, así de indignante, así de aberrante, así de triste es la situación actual de los artistas nicaragüenses.

Ni con todo y la guerra y el bloqueo económico que nos impusieron por ocho años, estuvimos a como estamos actualmente gracias a que teníamos el apoyo total del gobierno sandinista garantizándonos empleo en lo que sabíamos y nos gustaba hacer: arte. No nos volvimos millonarios en dinero pero sí en creatividad, en proyección, en experiencia, en fogueo, en viajes al exterior, en educación, en talleres, en intercambios culturales, en interrelación con los artistas internacionales que compartían con nosotros sus experiencias… estábamos haciendo teatro, cine nacional y de co-producción, series para televisión, programas de televisión culturales, como documentales, programas infantiles educativos, así como radio tanto educativa como recreativa. También se fundaron las Escuelas de Teatro y Danza que no existían antes de los 80.

Además, el apoyo que hubo fue para todas las disciplinas artísticas sin distingos de ideologías políticas hasta el punto de mandar a los jóvenes más talentosos a las más prestigiadas escuelas de música, teatro, cine y danza en Alemania, Francia, Rusia, Checoslovaquia y Cuba, entre otros. Por otro lado, el “boom” que experimentó la plástica nicaragüense contrasta con la situación de pobreza en que viven los pintores actualmente.

Independientemente de los errores que se cometieron, éstos parecen insignificantes en comparación con lo que hemos venido padeciendo a lo largo de estos trece años y parece que seguiremos padeciendo.

Pero no hay que cejar. Hay que poner en orden nuestras ideas y luchar unidos para seguir adelante y no permitir que nos aplaste la mediocridad y la insensibilidad. Como muy bien dice Federico Mayor, director general de la UNESCO: “Creo profundamente en la posibilidad del triunfo del esfuerzo colectivo sobre la miseria, la resignación, el desamparo o el cinismo”.

¡Viva la cultura! ¡Viva el arte! ¡Viva la inteligencia!

La autora es actriz y cantante

Editorial
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