Violeta Reyes de Padilla
Llama mucho la atención que a algunas personas y a ciertos periodistas pertenecientes a medios de comunicación de reconocida importancia se les pasen por alto noticias que ocupan la primera plana en los noticieros mundiales. No me gusta juzgar pero no creo que sea por deficiencia, sino más bien por empañar la imagen de la Iglesia Católica y a Su Santidad Juan Pablo II, quien ha demostrado con sus actuaciones dentro y fuera de Iglesia su gran calidad humana y se ha ganado el título de máxima autoridad moral del mundo por su gran sabiduría, por su continua oración y comunicación con Dios y su gran conocimiento de la doctrina de Cristo y sus respuestas a las necesidades de los hombres y mujeres y de los pueblos.
Muchos se han dado cuenta de los problemas inmensos que han surgido dentro de la Iglesia Católica en los 25 años de pontificado de Juan Pablo II. Ha sido su gran fortaleza, otorgada por el Espíritu Santo que sostiene al Papa, lo que le ha permitido afrontar con gran valentía y firmeza, sin retroceder un ápice, y aún con grandes presiones de obispos y religiosos enfermos del alma, que han querido “liberalizar” la Iglesia.
Tuvo problemas con la Iglesia de Holanda en la que parte de ella se encontraba en rebelión, pero logró con la ayuda de Dios que muchos obispos cerraran filas con el Vaticano. Descalificó a teólogos alemanes y holandeses y condenó la teología de la liberación. Resultando así que muchos de sus líderes se enfilaron de nuevo a la verdadera Iglesia. Fiel a Dios no permitió mujeres para el sacerdocio, ni alterar le don del celibato para el sacerdote. Esto para mencionar algunos de los casos que ha tenido que enfrentar a lo largo de su Pontificado.
Quiero recordar a los que han olvidado y a los que no saben que la Iglesia está compuesta de seres humanos, pecadores unos y santos otros, pero que la cabeza es Cristo, que es Santo, por eso la Iglesia es santa y seguirá siéndolo hasta el fin del mundo.
No se puede esperar que todos los sacerdotes sean intachables (aunque deberían serlo) pues el mal está metido en el mundo y nadie está exento de pecado, tampoco el sacerdote.
Causa profunda tristeza el hecho de que sacerdotes, de quienes esperamos se comporten bien, sean autores de abusos sexuales a niños y adolescentes. Al mismo tiempo, no fue bueno el ocultamiento de estos delitos por parte de los superiores. Este escándalo ha causado una herida profunda en la Iglesia y en el corazón del Papa quien es acusado ahora de tolerancia y de no haber tomado medidas todavía.
Los que ahora acusan al Sumo Pontífice de no hacer nada al respecto, se han equivocado, Juan Pablo II pone siempre remedio inmediato y este asunto doloroso fue prioridad para él. En cuanto tuvo conocimiento pidió una exhaustiva investigación y al tener los resultados ordenó que los culpables fueran retirados de sus cargos, que los juzgara la justicia civil y sufrieran la condena correspondiente. Muchos de los culpables ya han sido juzgados, otros no lo han sido porque los acusadores no lo han querido.
Esta disposición es una ley de la Iglesia para los casos actuales y para los venideros que debe cumplirse y se está cumpliendo. Hace poco renunció el obispo de Boston por su incompetencia al no parar a tiempo lo que sucedía en su diócesis.
Los que hablan ahora de que el Papa no ha tomado las medidas necesarias para solucionar este problema, creo que están faltando la justicia y a la verdad ya que las sanciones que el Papa ordenó fueron publicadas en los medios de comunicación.
La autora es miembro de ANIMU, Asociación Nicaragüense por la Mujer.