Politiqueríaen vez de política

Mario Ruiz Castillo

A diario, en la radio, la televisión, los medios escritos de comunicación, la conversación con el vecino, se escucha lo mismo, se habla de los políticos, de su inoperancia, de su falta de contacto con la población, a excepción para su utilización en campañas.

Cuando se presentan entrevistas siempre son los mismos y se habla y discute de si es éste o aquél el causante de los males que padece la nación. Todo, absolutamente todo gira en este país alrededor de tres o cuatro personas, dando la impresión que el resto no somos seres pensantes. Respiramos, soñamos y vivimos en torno a esas personas.

Nicaragua es un país altamente politizado, afirman algunos, sin embargo creo que más que politizado es politiquero. La política es un arte y una ciencia y existe política educativa, social, agraria, laboral, industrial, tecnológica, comercial, de seguridad ciudadana, de transporte colectivo, de seguridad social, en fin en todas y cada una de las actividades humanas. Pero en nuestro caso limitamos la política a la función pública y sus representantes.

Creo que el ciudadano espera oír hablar y escuchar de política educacional, de generación de empleos, de inversión, de oportunidades de estudio, de arte, música, de seguridad social, mejoramiento del transporte público, son tantos los problemas por resolver y poco el tiempo que se emplea en ello, ya que estamos ocupados en defender lo indefendible, partidos, personas e intereses.

Confirmación de lo anterior es que todo alto cargo gubernamental no está determinado por la capacidad y eficiencia, sino por el padrinazgo, el favor y el tráfico de influencias.

¿Cuándo ha escuchado usted en los medios de comunicación explicaciones sobre una determinada ley, proyectos de desarrollo, programas de mejoramiento higiénicos, sobre sus pro y contras, a quién beneficia? Por supuesto que hay campañas organizadas, seminarios y cursos cuando van dirigidos a favor de determinado grupo político. ¿Hasta cuándo dejaremos de pensar en grupos y no en la población como un todo?

En vez de ejercer los recursos y medios que brinda la ley en casos administrativos o judiciales, se prefiere el tráfico de influencias, además que así se demuestra poder y presión personal, y se destruye la poca institucionalidad reinante.

Se insulta cuando no se dispone de argumentos válidos para defender derechos; se obstruye la administración pública y de justicia al utilizar canales inapropiados y desleales a la contraparte; a vista y paciencia de todos, altos funcionarios se pronuncian sobre casos que conocerán posteriormente, motivo suficiente no sólo para inhibirlo sino para destituirlo por su clara parcialización. Se denigra cuando no se dicta una resolución favorable.

Ya es hora de hacer política en cada rincón de nuestro territorio y olvidarse de esa politiquería barata que nos tiene hartos y en la miseria más degradante.

El autor es abogado.

Editorial
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