Memoria, reconciliación y justicia

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Memoria, reconciliación y justicia





Según algunos filósofos los hechos del pasado siempre merodean, como fantasmas, en la conciencia de las generaciones del presente. Esto se refiere sobre todo a hechos que causaron graves daños físicos y emocionales, que por eso mismo son prácticamente imposibles de olvidar, e inclusive de perdonar.

Pero, al mismo tiempo, por sanidad mental el ser humano tiende a olvidar, o al menos a atenuar los recuerdos desagradables, pues la existencia se le convertiría en un infierno si se mantuviera abrumado con todo lo sufrido en el pasado. Por eso, dicen, la memoria desempeña la maravillosa función de “empujar suavemente hacia el olvido el aluvión de los recuerdos y retener una mínima proporción de ellos, la que a cada momento necesitamos”.

Eso precisamente es lo que ocurre en aquellas sociedades que no hace mucho sufrieron dolorosos desgarramientos internos: tiranías de derecha o de izquierda, guerras civiles, genocidios, violaciones masivas de derechos humanos, revoluciones y contrarrevoluciones; como son los casos de Argentina y Chile, y también de Nicaragua, donde recientemente se vio que una supuesta reconciliación entre la alta jerarquía de la Iglesia Católica y el FSLN más bien reavivó la indignación de muchas víctimas del totalitarismo.

Argentina está ahora conmocionada por un proyecto de ley del presidente Néstor Kirchner —que ya aprobó la Cámara de Diputados el jueves de esta semana y ahora está pendiente de la decisión del Senado— para anular las leyes de amnistía (de punto final y obediencia debida), a fin de replantear los juicios por crímenes de guerra cometidos durante la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983.

Por su parte el presidente Ricardo Lagos, de Chile, presentó también esta semana un plan para acelerar las investigaciones sobre los desaparecidos durante la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1989), mas no para replantear acusaciones sino con el propósito de fortalecer la reconciliación nacional.

En el caso de Argentina, la anulación de las leyes de amnistía significaría que éstas nunca existieron, y por lo tanto, unos dos mil militares argentinos retirados y activos serían procesados por la justicia ordinaria. A juicio del presidente Kirchner esto es preferible a que esos militares sean extraditados y juzgados en el extranjero de acuerdo con leyes internacionales. Sin embargo su propuesta enfrenta la resistencia de quienes alegan que abriría heridas ya cerradas, causaría nuevas inconformidades militares y posibles pronunciamientos; otros sostienen que habría que enjuiciar también a los terroristas —como el recientemente indultado asesino del ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, Enrique Gorriarán Merlo—, que también cometieron crímenes de guerra y violaciones de derechos humanos; y además, renombrados juristas consideran que la anulación de una ley —cualquiera que sea— crearía en el país una situación de inseguridad jurídica absoluta.

Mientras tanto, en Chile el presidente Lagos dijo que “la verdad y la justicia son irrenunciables” al presentar su propuesta de aumentar en 50 por ciento (más o menos 300 dólares) las pensiones mensuales a los familiares de las víctimas de la dictadura de Pinochet. También prometió incentivos judiciales a quienes proporcionen información veraz sobre el destino de más de un millar de personas desaparecidas, así como otorgar compensaciones económicas a los familiares de los militares que murieron durante la lucha contra el terrorismo izquierdista.

El presidente Lagos plantea, además, al contrario del Presidente de Argentina, reconocer el principio de obediencia debida de los militares que participaron en las represiones de la tiranía pinochetista. Y para apaciguar a los familiares de los desaparecidos explicó que su propuesta se funda en los principios de la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas, aunque reconoció que “no es posible extirpar el dolor que vive con la memoria, por medio de un conjunto de medidas”.

Sin dudas que no es fácil lograr la reconciliación y al mismo tiempo hacer justicia donde gobernaron crueles dictaduras de derecha o de izquierda que violaron masivamente los derechos humanos, provocaron sangrientas guerras civiles y causaron miles de muertos, mutilados y desaparecidos. Y es mucho más difícil reconciliar a las víctimas con los victimarios, si éstos no reconocen sus culpas ni piden perdón por los daños que hicieron, mucho menos que hubieran sido castigados por la justicia.

Editorial
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