Luis Sánchez [email protected]
Me dicen algunas personas que al parecer las Furias andan sueltas en Nicaragua. Ojalá que así fuera, les comento, porque de verdad que hacen mucha falta aquí.
Las Furias son en la mitología romana (Erinias, en la griega) divinidades vengativas —o vengadoras— que ejecutan los castigos que los dioses imponen a los hombres, y les cobran la cuenta por las transgresiones morales.
Según Homero, las Erinias (Furias) son guardianas de los derechos sagrados de la familia, del orden de la Naturaleza, del derecho de la gente y de la hospitalidad, y procuran la reparación moral. Por eso persiguen implacablemente a todos los delincuentes, en particular a los parricidas.
Las Furias, que en algunos casos aparecen personificadas y en otros como espíritus, son tres: Alecto, Mergara y Tisifone. Su padre es Aqueronte, el hijo del Sol y de la Tierra que —compasivo— dio de beber agua a los Titanes, y por eso Zeus lo castigó arrojándolo a los infiernos y transformándolo en un río de agua lodosa y amarga que deben cruzar las almas de los muertos, mediante una paga al barquero Caronte. Pero las almas de los insepultos vagan eternamente por sus riberas.
La madre de las Furias o Erinias es la Noche, la diosa de las tinieblas que a su vez es hija del Cielo y la Tierra, y quien dio refugio a su hijo, el Sueño, cuando éste era perseguido por la cólera de Zeus. Según Hesíodo, la Noche es la madre del Sueño, la Suerte, la Muerte, la Aflicción, el Fraude, la Amistad, la Vejez y la Discordia.
Las Furias o Erinias habitan en el Tártaro (Infierno), que según Homero es un oscuro abismo que se halla a igual distancia de la Tierra con respecto al Cielo, y es la morada eterna de los condenados.
A las Furias o Erinias se les representa como mujeres horribles, de aspecto descarnado, con el pelo alborotado y lleno de serpientes, y blanden en sus manos un puñal y una antorcha.
Mas con el transcurso del tiempo las Furias o Erinias pierden su carácter de diosas inexorables e inconmovibles, y se hacen accesibles al Perdón. Entonces ya no sólo persiguen a los culpables sino también ahuyentan el peligro, evitan las calamidades y proporcionan el bienestar. Ahora, además de ser vengadoras y vengativas, las Erinias son al mismo tiempo divinidades bienhechoras conocidas como Euménides (Benévolas).
Las Euménides reparten el bien, ahuyentan los peligros, evitan las calamidades y proporcionan el bienestar a los hombres.
Precisamente una de las obras de Esquilo, el fundador de la tragedia griega, se titula Las Euménides, y en ella el poeta describe el remordimiento de Orestes, el hijo de Agamenón —el rey que fue asesinado por Egisto, con la complicidad de la reina Clitemnestra, su amante—, quien venga al padre matando a su propia madre y por ese matricidio es perseguido y atormentado por las Erinias o Furias.
De modo que es razonable pensar que el gobernante que se roba los dineros y bienes del Estado —del pueblo—, es un asesino indirecto de las personas más desvalidas de la sociedad, a las que está obligado a cuidar como si fueran sus hijos.
Y tiene sentido, entonces, la figuración de algunas personas de que las Furias o Erinias podrían andar sueltas en Nicaragua, persiguiendo y atormentando a algunos de los que le robaron el pan al pueblo cuando estuvieron en el poder.