La gala por la Güegüense

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La gala por la Güegüense





La gala que los mejores artistas de Nicaragua presentaron anoche en el Teatro Nacional Rubén Darío, fue una formidable acción de solidaridad con Radio Güegüense y una excelente demostración del arte musical nicaragüense, pero también un desmentido a quienes aseguran que los nicaragüenses sólo nos ocupamos de política y de ladrones que suben al poder para desvalijar el erario.

En realidad, desde siempre en Nicaragua ha habido mucha afición al arte y la cultura en general. Por eso, en el caso específico de la buena música, a lo largo de la historia hemos tenido grandes exponentes —en el pasado— como Luis A. Delgadillo, Alejandro Vega Matus, José de la Cruz Mena, Carlos Tünnermann; y en el presente compositores como Alejandro Serrano Caldera e intérpretes del calibre de la Camerata Bach, Kinteto, el Grupo Lírico Nicaragüense y otros.

En Nicaragua siempre se han presentado exitosamente espectáculos musicales de primera calidad y alto nivel internacional, como la Ópera Bracalle con su primer tenor Hipólito Lázaro y la primera soprano Elena Cherubini, para cuya presentación el presidente Adolfo Díaz donó cinco mil pesos a fin de que las entradas fuesen rebajadas a 50 centavos y las personas de escasos recursos tuviesen la oportunidad de asistir al supremo espectáculo operístico; y después de la construcción del magnífico Teatro Nacional Rubén Darío en sus tablas se han presentado artistas de la talla de Victoria de los Ángeles, grupos de ballet ruso y canadiense, orquestas de cámara, sinfónicas, solistas de diversos países, etc.

Lamentablemente, la avasalladora influencia de la música corriente mexicana y estadounidense, y el debilitamiento del nivel cultural de los nicaragüenses en general por culpa de los malos y ordinarios gobernantes, arrinconaron a la música clásica y selecta que dejó de tener una afición masiva. Sin embargo el gusto por este arte superior se conservó siempre en el sector educado y culto de la sociedad nicaragüense —no necesariamente los más acomodados y ricos—, que la aprecian como deleite espiritual pero también como medio de formación cultural, indispensable para promover el crecimiento personal y el desarrollo nacional.

En esa tradición cultural se inspiró don Salvador Cardenal Argüello para crear hace 35 años la Radio Güegüense, que lamentablemente ha venido a menos —pero no en calidad sino en capacidad material— por falta de apoyo de quienes deberían respaldarla inclusive para su propio provecho, como son las empresas publicitarias y comerciales.

Ciertamente, como lo dijimos en esta misma columna editorial el 2 de mayo del año corriente (“Hay que salvar a la Güegüense”), que sirvió para alentar la campaña a favor de la radio emisora cultural de Nicaragua cuya mayor manifestación ha sido la gala de anoche: “Bastaría con que una veintena de empresas privadas se anunciaran todos los días en Radio Güegüense, cuya mayoría de oyentes por su nivel cultural y por lo tanto socioeconómico son precisamente personas con poder de compra. De modo que los anuncios en la Güegüense no deben ser considerados como una dádiva, sino como una inteligente inversión”.

No es el Estado sino la sociedad quien tiene la obligación de garantizar que Radio Güegüense siga irradiando cultura en condiciones materiales apropiadas para asegurar la remuneración digna de su personal y el mantenimiento y renovación necesarios de sus equipos. Y en todo caso, lo que debería hacer el Gobierno es asegurar que todas la entidades gubernamentales que pagan publicidad la difundan también por medio de Radio Güegüense, la que no necesita dádivas sino que le compren el servicio de calidad que ofrece y que le produciría suficientes recursos para mantenerse y operar con tranquilidad.

En este contexto la gala de anoche a beneficio de Radio Güegüense no debe ser vista como un hecho aislado, sino como el inicio de una campaña sostenida para salvar y fortalecer a la única radio emisora cultural que hay en Nicaragua, mediante el debido y merecido apoyo de la sociedad civil y la empresa privada nicaragüense.

Don Miguel de Cervantes dice por boca de Dorotea, en Don Quijote de la Mancha, que “la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”. ¿Acaso no es eso lo que estamos necesitando en estos tiempos de tantos acontecimientos que turban y enturbian el espíritu y los ánimos de los nicaragüenses?

Editorial
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