Karla Marenco [email protected]
En mi clase de Género y Equidad en la Universidad Centroamericana (UCA), tuve la oportunidad de ver un video titulado El día que me quieras, que irónicamente no tenía nada que ver con ese clásico de la música, ni con una historia romántica, sino con la cruda y sombría realidad que están viviendo miles de mujeres y de niñas(os) nicaragüenses víctimas de la violencia de sus propios familiares, los seres que más deberían quererlos. ¡Qué terrible!
El video trata del trabajo que se realiza en la Comisaría de la Mujer donde a diario llegan decenas de casos de mujeres y de niñas(os) golpeadas(os) o abusadas(os) por sus compañeros, esposos, padres y hermanos, es decir la propia familia. Es triste ver que esa realidad está en todos lados y que nos está devorando día a día sin que aparentemente podamos hacer algo porque creemos que “ese asunto” no nos está sucediendo en nuestros hogares y por tanto no nos compete.
Pero yo estoy totalmente convencida que sí nos compete y que podemos contribuir mucho empezando por cambiar esa cultura de violencia en nuestros hogares, comenzando por enseñar a nuestros hijos e hijas que usando el diálogo, la comunicación y la tolerancia, podemos resolver cualquier problema que tengamos por muy pobres que seamos.
Esto de la violencia intrafamiliar parece un disco rayado, son muchos los factores que inciden en ella empezando por la falta de educación y la pobreza y la cultura machista que impera en nuestra sociedad y que las mujeres de una u otra forma fomentamos en nuestros hogares.
Se han hecho muchas investigaciones al respecto que luego son la base para elaborar programas y proyectos en instituciones del gobierno y ONG que trabajan en este sentido, pero la espiral de la violencia parece ser incontenible, y yo me pregunto, ¿por qué? Hay miles de razones, miles de respuestas que están a la vista y paciencia de todos pero no hacemos nada por cambiarlas.
Si revisamos con detenimiento la cantidad de estudios e informes que ha realizado el Sistema de Naciones Unidas y comparamos las cifras, la conclusión es la misma: el panorama de violencia en contra de la mujer sigue galopante y está arrasando con todo a su paso en todos los hogares, independientemente de la condición social, nivel educativo o posición económica, así que a veces pongo en duda que las razones sean la pobreza y la falta de educación. Lo que yo creo es que hay falta de amor, respeto y consideración.
En el video observé que casi todas las mujeres que permitieron que las cámaras captaran sus problemas, no podían ni siquiera firmar con su nombre las denuncias; otras las retiraron días después porque se contentaron con sus verdugos y porque a lo mejor son los únicos que proveen alimentos al hogar y por eso tienen que seguir aguantándolos. Vi a un niño como de ocho años que llegó a poner la denuncia de que su padre lo maltrata, y ahí mismo, frente a la policía que lo estaba atendiendo, levantó a su hermana del pelo porque ella estaba inquieta jugando debajo del escritorio.
Más triste es ver que esto es un grave problema social que nos está asfixiado y seguimos desgastando nuestra energía, nuestros pocos recursos en diferencias políticas entre los principales grupos de poder del país y los medios de comunicación prestándose al juego, en vez de poner el dedo sobre la llaga en esta problemática que está acabando calladamente con nuestras familias.
Habría que diseñar una súper campaña masiva permanente en la que el tema sea la erradicación de la violencia por los motivos que sean. Millones y millones de córdobas gasta el Estado en actividades innecesarias, con esos recursos se podría al menos generar un poco de conciencia siendo que no es tan fácil resolver este problema.
Creo que la Policía Nacional, a través de la Comisaría de la Mujer está haciendo un gran trabajo y los(as) felicito, pero igualmente hace falta mucha educación a las personas que atienden estos casos porque el video demostró que también son violentadas las personas que llegan a poner sus denuncias cuando les advierten en tono de guardias que si van a poner la denuncia la lleven hasta el final y hasta las amenazan.
Felicito a la Facultad de Humanidades de la UCA por promover el tema de género y la equidad del que muchos no quieren hablar o saber por falta de conocimiento. Al menos a mí y a muchos de mis compañeras(os) nos permite reflexionar sobre cómo estamos llevando el timón en nuestros hogares y de qué forma podemos contribuir a lograr esa cultura sin violencia que necesitamos.
La autora es periodista.