Marco A. Valle Martínez*
La Costa Caribe tiene fortalezas en cuanto a seguridad ciudadana se refiere, más aún, comparada con otros lugares es un territorio más seguro, y por ende propicio para la inversión nacional y extranjera. Con esa base, hay que hacer esfuerzos para proyectar sus aspectos positivos, lo que redundará en beneficio de la calidad de vida de sus habitantes, y del resto del país. A continuación, me refiero a la Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS).
Observando el horizonte 2000-2002, en la RAAS ocurren mucho menos delitos por 100 mil habitantes que en Managua, Granada, León y la RAAN. Por ejemplo, en el 2002, la primera muestra 894, Managua presenta 2770, Granada 2100, León 1325 y RAAN 1194; o sea, en la RAAS es menor la probabilidad de ser víctima de un delito en general. En cuanto al delito de lesiones, también está debajo de la capital y Granada, más o menos igual que León y ligeramente arriba de la RAAN. O sea, en la RAAS más que en otros lugares, se tienden a resolver los conflictos por medios no violentos.
En la misma dirección, los inconvenientes generados por la violencia juvenil, al estilo de pandillas, tal como se experimentan en Managua, Carazo, León, Chinandega y Masaya, son inexistentes en la región en referencia.
Simultáneamente, los lazos familiares y comunitarios son bastantes estrechos, destacándose el respeto a la palabra de la madre y los abuelos, lo que es un capital valioso en cuanto al aprovechamiento de las fortalezas de la sociedad así como para prevenir y contrarrestar los factores asociados a los problemas principales. Resalto este hecho ya que, compartir proyectos, ideas, experiencias y esperar consejos de los abuelos es algo que ya no es tan común en la familia nicaragüense.
Mas ¿qué sucede en el ámbito nacional? Poco se habla, escribe o se refieren a estos —y otros— aspectos positivos de la RAAS; y posiblemente es porque son cuestiones “pequeñas”, tal y como escribí en mi columna del 11 de junio pasado. Y si uno las analiza a fondo no son tan pequeñas.
Estamos en presencia de un lugar donde existen pocas probabilidades de ser víctima de un delito en general, en cambio Granada y León tienen, en ese asunto, mejor imagen que la RAAS, cuando la realidad es lo contrario. Igualmente sucede con las lesiones, donde otros lugares del territorio nacional aparecen como si “no mataran moscas”, teniendo una perfil de tranquilidad, mientras la RAAS suena a inseguridad.
Aunque es una característica de dicha región, el caso de la inexistencia de pandillas —como fortaleza— es desconocida, y, más interesante todavía cuando se sabe que está cruzada por el problema de drogas. Mientras mundialmente, y en nuestro país, se relacionan pandillas con drogas, tenemos el caso de la RAAS que atormentada por la narcoactividad, todavía no tiene niveles preocupantes de violencia juvenil. Este hecho es una muestra del capital de sus habitantes (valores, tradiciones, etc.).
No hay dudas que el problema de drogas hay que neutralizarlo en la RAAS, pero esta región no es sólo eso, ni es atinado ni conveniente identificarla sólo con las drogas, pues al final perdemos todas y todos los nicaragüenses. La RAAS también tiene fortalezas, las reseñadas aquí y muchas más.
* El autor es consultor en seguridad ciudadana.
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