Luis Sánchez Sancholuis.sá[email protected]
Cuando leí el reportaje de los periodistas Jorge Loáisiga y Eduardo Marenco sobre el presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), don Roberto Rivas Reyes (“Ostentación cautiva a Rivas”, LA PRENSA, lunes 21 de octubre de 2002), se me vino a la memoria Creso, el legendario rey de Lidia del siglo VI antes de Cristo, quien era el hombre más rico del mundo gracias al río Ilirio, que arrastraba pedazos de oro puro de todo tamaño.
Mas, Creso era inmensamente rico, no ostentoso, y además el señor Rivas Reyes no parece ser tan rico aunque sí es una persona afortunadas, pues goza la gracia de ser protegido por el cardenal Miguel Obando y, al mismo tiempo, disfruta la fortuna política y material de presidir uno de los poderes del Estado.
Entonces pensé en Baltasar (Belsasar), el bíblico regente de Babilonia quien hacía festines tan grandes que la posteridad creó la expresión, “Festín de Baltasar”. Pero tampoco cabe la comparación, porque Baltasar fue maldito por Dios porque robó los vasos sagrados del Templo de Jerusalén, y don Roberto es más bien un hombre bendito.
En realidad es a Como —el dios griego de la alegría, los festines y la ostentación—, que se parecen esos altos funcionarios públicos de Nicaragua que se dan lujos extravagantes gracias a sus enormes sueldos y privilegios, y a la buena suerte que “de repente” bendijo sus negocios particulares y familiares.
Lamentablemente hay una diferencia sustancial —física— entre Como y el opulento funcionario electoral de Nicaragua, pues a esta deidad griega se le representaba como un joven varón de excelente apariencia física, muy guapo, coronada su cabeza con rosas y esgrimiendo una antorcha o bastón, y con la otra mano sosteniendo una muñeca, antiguo símbolo de la locura.
El ostentoso Como se hacía acompañar por Momo, hijo de la Noche y el Sueño, que en la mitología griega era el dios de la burla y el sarcasmo. Momo era el patrón de los carnavaleros y se le representaba como un personaje estrambótico, la cabeza coronada con un ridículo gorro adornado de cascabeles, riendo a carcajadas, con una máscara medio cubriéndole del rostro y llevando en la mano un tirso florido (la misma vara enramada, cubierta de hiedra y hojas de parra que era el cetro de Baco, el dios del vino), símbolo de la locura báquica.
Los antiguos griegos no erigieron templos ni consagraron sacerdotes para el culto a Como, ya que era el dios de los banquetes, los lujos y las ostentaciones, y por lo tanto cada lugar donde se celebraban las fiestas y orgías era su templo, y cada persona que organizaba esas extravagantes celebraciones era uno de sus sacerdotes.
Y a propósito de extravagancias, y del reportaje de Jorge Loáisiga y Eduardo Marenco sobre el señor Roberto Rivas Reyes, alguien que supuestamente está muy bien informado de los elegantes hábitos del presidente del CSE, me contó que en el extenso territorio de 3 manzanas y pico donde está su lujosa residencia, en el kilómetro 16 de la carretera a Masaya, el ejemplar funcionario público suele pasearse en una berlina (antiguo coche de caballos, muy elegante, cerrado y de dos asientos) que es arrastrada por un cuadraciclo, mientras paladea champaña francesa de la mejor calidad.
Sinceramente me pareció una exageración, pero como aquí nada es imposible… lo repito.