Alfonso Efraim Castellón Ayó[email protected]
Después de la terrible tragedia que enluta a cuatro familias nicaragüenses, seguida por la reacción de otro nicaragüense “mal informado” y que en estado de euforia irrumpió con violencia en la Redacción del prestigioso Diario LA PRENSA, poniendo en peligro la vida de varias personas valiosas (periodistas y empleados), me siento inspirado para escribir este comentario, con el objeto de hacer un llamado a la Sociedad Civil (la verdadera, no la mezclada en política) e invitar a los diferentes gremios, asociaciones, sindicatos y organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro, para que se cambie el discurso acusatorio y morboso que actualmente practican, por uno moderado, legista y conciliatorio.
No podemos olvidar los procesos, pero no debemos publicitarlos de tal manera que puedan ser interpretados como una lucha personal o venganza política o pasada de cuenta. Lo cual es prácticamente la forma en que el pueblo analiza la lucha contra la corrupción. Preguntémonos honestamente si la mente de un hijo que desde su “única” perspectiva (de hijo) ve a su padre acorralado, asediado, insultado, en fin preocupado por su destino político; este joven no puede desenvolverse con naturalidad y en un ambiente normal. Por otro lado, un cuerpo de profesionales que hacen lo que pueden, para analizar, comentar y relatar la noticia desde su perspectiva: tampoco pueden desarrollar normalmente sus ideas bajo la amenaza, mordaza o cualesquiera método de presión.
Los patrones de conducta de las personas son afectados por el ambiente en que se desenvuelven. Por muy serio, profesional y capaz que un ser humano sea: el ambiente, las circunstancias y condiciones que le rodean, afectan esa “inteligencia emocional”.
Pues bien, ojalá y todo esto que ha pasado nos haga recapacitar, bajar el gas de nuestro protagonismo y remontarnos a desear resultados favorables para toda la nación. Así nuestros deseos profesionales (a veces mezquinos) sean frustrados. Recuerdo cuando recién llegaba a mi patria adorada, con el natural temor de ser maltratado por algún resentido social o cosa parecida (debido a mi pública comparecencia en los parques de Los Ángeles y San Francisco criticando duramente a los “nueve comandantes” durante los años ochenta). Pues el primer “guardita de Migración” que me atendió en mayo de 1991, me recibió con estas lindas palabras: “Bienvenido a su patria Señor Castellón”. Me dije a mí mismo: ‘Qué educado este indito jodido’. Otro día, al regresar de Poneloya, me detuvo un retén, después de preguntarme por mis documentos y de que si me sentía bien manejando, me despidió con un “pase buenas noches señor, y que tenga buen viaje”. Todo esto me dejó pensativo y contento al observar que no hubo groserías, revanchismo, etc., con este nica que regresaba a su patria. Lo único malo en esas vacaciones, fue “la quema de la Alcaldía”. ¿Y qué era eso?: producto de la política polarizada. Ésta empaña la armonía nacional. Gracias a Dios hoy día tenemos un Ejército y Policía nacionales.
Hermanos nicaragüenses: Aprovechemos esta lección que hoy nos ha legado un hijo de un político que perece al tratar de salvar a un empleado, unos periodistas que conversan amistosamente con un violento secuestrador y una Policía actuando cortésmente para reducir al infractor del orden público.
Que estos hechos —uno tristísimo y trágico, los otros dos conciliadores y civilizados— nos hagan meditar sobre nuestra actitud humana frente a una situación nacional, que de no resolverse sabiamente nos puede llevar a una catástrofe.
El autor es Secretario de la Asociación de Confiscados de Nicaragua.