Sin dudas que el asalto a mano armada —seguido del secuestro de varios periodistas de LA PRENSA— que sufrimos ayer por la tarde, es consecuencia de la campaña de odio y de instigación criminal contra el periodismo independiente, que mantienen algunos sectores políticos del país molestos por las informaciones y denuncias sobre la corrupción, que en estricto cumplimiento de nuestro deber le servimos constantemente al público.
En realidad, el individuo que perpetró el asalto contra LA PRENSA y a quien inmediatamente acusamos ante la Policía Nacional, expresó claramente sus sentimientos políticos. Y aunque su acción hubiese sido la ejecución de un plan fraguado en alguna agrupación partidista, o sólo una iniciativa individual —lo cual las autoridades policiales y judiciales tendrán que averiguarlo y esclarecerlo—, el hecho es que fue un atentado criminal contra la integridad física y la vida de las personas, y ante todo contra la libertad de prensa, para tratar de castigarnos porque informamos la verdad y denunciamos los abusos de poder y la corrupción de reconocidos líderes políticos de Nicaragua.
Como es bien sabido, desde hace algún tiempo en ciertos medios de comunicación que actúan —o actuaban, porque algunos de ellos han desaparecido— como voceros oficiales u oficiosos del liberalismo arnoldista, se han venido profiriendo amenazas e instigando a acciones de violencia contra los que ellos llaman “periódicos de la Carretera Norte”. Y lo mismo han hecho contra otros medios de comunicación independientes que también publican denuncias sobre la desmesurada corrupción que hubo en el gobierno anterior, y que el presidente Enrique Bolaños está combatiendo a fondo con el respaldo de la inmensa mayoría de la población nacional y de la comunidad internacional.
En todas partes del mundo, los políticos corruptos y abusivos, así como sus secuaces intelectuales y los matones que tienen a su servicio, culpan a los medios de comunicación y a los periodistas cuando se ven obligados a enfrentar la justicia —aunque sólo sea la de la opinión pública— por las informaciones y denuncias que se publican. El pistolero que asaltó la Sala de Redacción de LA PRENSA ayer por la tarde, dijo a gritos mientras disparaba su arma, que este periódico es el culpable de lo que le pasa al ex presidente Alemán, porque hemos investigado los hechos de corrupción que se cometieron durante el gobierno anterior e informado ampliamente sobre los mismos.
O sea que para ellos lo malo no es que algunas personas se roben los recursos del Estado —que son del pueblo empobrecido— sino que denunciemos e informemos sobre esos hechos. Y como en muchas otros países donde los periodistas y los medios de comunicación independientes son víctimas de toda clase de agresiones por parte de los políticos corruptos y sus secuaces, aquí también creen que matando al mensajero van a impedir que se divulgue el mensaje sobre lo que realmente ocurre.
Pero las amenazas de los políticos corruptos y sus adláteres, y las acciones concretas de agresión, como la que sufrió el personal de LA PRENSA ayer por la tarde, no van a hacer que dejemos de cumplir con nuestro deber de informar libremente al público, ni harán que desistamos de denunciar la corrupción y cualquier otra clase de abusos de poder, ni que reclamemos que se haga justicia y se aplique severamente la ley a los culpables.
“Es un deber de LA PRENSA denunciar todos los casos de corrupción, así como defender los Derechos Humanos y favorecer a los sectores más desprotegidos, y además, participar responsablemente en la formación de opinión pública”, se dice en nuestro Código de Ética. Y ninguna amenaza ni agresión hará que faltemos al cumplimiento de este deber sagrado.
Gracias a Dios del asalto criminal que sufrió LA PRENSA ayer por la tarde no resultó ninguna desgracia personal. A ello contribuyó la serenidad de las y los trabajadores de este Diario que fueron secuestrados y la rápida y eficaz acción de los efectivos de la Policía Nacional que pusieron fin a la dramática situación creada en nuestra Sala de Redacción. A todos ellos, y a las innumerables personas que de inmediato nos testimoniaron su solidaridad, les expresamos nuestro profundo agradecimiento.