Pláticas con Jesús y María

Ruth Cuadra de Fuentes

Siempre a Sor María la hicieron sufrir mucho, se cree para probar su humildad y obediencia, una vez que tenía un problema la Madre inspectora con tono severo y delante de todas le dijo: que todas las dificultades de esa casa provenían de ella y de Sor Laura Medal y la única solución sería sacarlas y mandar otras y ella sin inmutarse le contestó: “eso mismo digo yo Madre, puede mandar a quien quiera, no hago falta, la obra es de la Virgen”, pero fue tanto lo que sufrió que se fue a la Capilla abatida y llorosa, entonces dijo: “Jesús, todo es nada para mí ¡nada me atrae ya en esta vida!… Palabras de Jesús: “Donde está tu tesoro allí está tu corazón”. Estaba tan desolada que se encontraba culpable, pregunta: “Jesús, dime una sola palabra. ¿Me perdonas? Respuesta ¡todo!En octubre de 1945 se dirige a María y grita: “¡Madre mía, Madre mía!”. Enseguida todos los nubarrones ¡se disiparon en un instante! Su dulce mirada adquirió una luminosidad nueva, celestial.

También le decía “mi principal e incesante ocupación será: vivir recostada sobre tu pecho, escuchando las palpitaciones de tu Inmaculado corazón, cubriéndote de besos”. Mi reposo será como el de mi hermanito sobre el corazón de mamá, repitiéndole con él hasta dormirse, “ mamacita linda, yo te amo por medio de Jesús”.

— Sor Ana Cavallini le preguntó: Sor María, ¿usted habla con la Virgen? Continuamente.

– Y la Virgen ¿habla con usted?

– Yo le hablo, ella me habla: ¡es una Reina!, y reía.

Qué amor el de Sor María hacia su Rey y su Reina. No pasaba un segundo que no orara y que los visitara en la Capilla.

A Sor María le encantaban las flores, tenía en el jardín de la Virgen una maravillosa rosaleda de color amarillo pálido.

Un día estaba regándola y le hablaba. Desde la ventana las empleadas la miraban —no las veía— y la escuchaban. Decía: “sí, mis amores, yo sé que ustedes son bellas”. A un cierto punto, las dos mujeres dicen: “vimos que las ramas del rosal se le venían encima como acariciándola y ella gozaba y se sonreía, repitiéndoles las mismas palabras”.

Una de ellas “al ver esto” dijo: “¡Ay qué miedo! Salgamos afuera”. Y, corrieron al jardín. Se movían las rosas como si hubiera viento, pero ni una hoja se movía, sólo el lugar de las rosas. Las dos mujeres se le acercaron a Sor María: “qué es esto que las rosas se doblan sobre usted”.

El rosal se inmovilizó. Sor María las miró y dijo: No digan a nadie ni una palabra de lo que han visto, ¿me lo prometen? Y sonriendo añadió: “Sólo podrán decirlo después de mi muerte”.

Cuando se inauguró el dispensario , preguntaban médicos y directores ¿cómo financiarán el dispensario?

Sor María respondía: por medio de la Divina Providencia. El doctor Pedro Cuendis Montero insistió:

– ¿A cuánto asciende el balance preventivo anual?

– Nosotros no hacemos balance alguno; no tenemos nada… el doctor reía a gusto.

– Se ve que no saben qué significa mantener un dispensario. Nuestra Clínica requiere un balance preventivo de más de dos millones, ¿cómo saldrán airosos?

– Con un pequeño secreto, doctor —respondió Sor María sonriendo— que nos dejó en herencia nuestro Padre Don Bosco “tened fe y veréis ”.

Esa era la fe de Sor María, sabía que su Reina no la iba a abandonar pues como ella decía: “es Ella la que hace todo, yo no soy más que un vil instrumento en sus manos”. Y por ser dócil, Dios hizo tantas maravillas por su medio.

La casa de María Auxiliadora en San José tiene dispensario, clases de costura, cocina, computación, escuela, canchas de juego y es lo que nosotros necesitamos construir en Granada, donde tenemos el terreno de 1 1/2 manzana, regalado por los dueños de MONISA. Esta obra es para ayudar a la juventud que anda en pandillas, drogas y toda clase de vicios. Pidámosle a Sor María que nos haga el milagro rogando a su Rey y su Reina que muevan los corazones de todos los nicaragüenses para que podamos imitarla.

La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero.  

Editorial
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