Frappuccinos, pensiones y revoluciones

Eduardo Enrí[email protected]

Las revoluciones deben estar, inevitablemente, cargadas de simbolismos, porque éstos ayudan a mantener la mística que fortalece el espíritu y permite alcanzar las metas revolucionarias.

Por eso fue tan importante para los sandinistas mantener la celebración del 19 de julio en la Plaza de la Revolución. Y por eso fue tan importante para sus adversarios destruirlo. Primero cambiándole el nombre y después poniendo una fuente bailarina en el centro, para hacer imposible cualquier concentración multitudinaria.

Aunque ya para entonces los sandinistas habían hecho mejor trabajo que nadie para destruir su mística.

Volviendo a lo de los símbolos, su importancia no puede ser subestimada, mucho menos en la revolución que ha emprendido el presidente Enrique Bolaños, que no busca cambiar un sistema político o económico, sino toda una cultura.

Un buen símbolo es que la Presidencia actualmente brinde con frappuccinos en lugar de vino o en lugar de servir whisky después de la firma de un acuerdo. El frappuccino, sin restarle elegancia al evento, indica que se está ante un gobierno serio, sobrio que promueve lo que el país produce. Es un punto de referencia que se puede señalar cuando se quiere demostrar que las cosas van en serio y que no es sólo de la boca para afuera. Como aparenta ser el caso en otros ámbitos del gobierno.

Uno de los retos de este gobierno es promover la austeridad en la administración pública. Y eso no es por gusto o para caer bien, es porque no tienen otra salida, si aquí el gobierno no empieza a gastar menos, a ahorrar y ser más eficientes, el país no va a ser viable.

Pero para que todos podamos llenarnos de mística y que nos montemos en el vagón de la austeridad, debemos seguir el ejemplo de la gente que hoy está en el gobierno. Y aquí, el simbolismo que nos llevaría a la mística, no existe.

Primero fue el cuento del “sinceramiento” de los salarios. Estuvo muy bien que se sinceraran, pero no se bajaron ni un centavo. ¿Dónde está la austeridad? Luego salieron las pensiones vitalicias, donde se pagan dos y tres megasalarios a ex presidentes y ex vicepresidentes porque está establecido en una ley sinvergüenza. De nuevo, nada de austeridad.

En este caso, más bien ha habido burla, pues para calmar la tormenta de críticas dijeron que se enviaría una propuesta de reforma a la Asamblea Nacional para que la ley fuera menos sinvergüenza, pero han pasado meses y nada.

Peor aún, ahora que viene la propuesta del Presupuesto General de la República, que queda claro que no se puede dar más para carreteras, salud, o seguridad ciudadana, y que se les dice a los empleados públicos que sus salarios están congelados, resulta que el rubro de las pensiones vitalicias sí aumentó en varios millones. ¿Podrá creerse que existe una verdadera intención de reformar esa ley?

Como dice el dicho, jueguen con el santo pero no con la limosna, si es cosa de amarrarse la faja, den el ejemplo. Y esto va también para los diputados, que han salido con la genial idea de limitar los salarios de todos los altos funcionarios. Todos, menos los de ellos, claro.

Aquí necesitamos simbolismo y mística y nos salen con payasadas.  

Editorial
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