Otto Reich
La cantidad de escándalos recientes en empresas estadounidenses ha hecho que la responsabilidad social de las sociedades anónimas sea noticia de primera plana últimamente, aunque este asunto ha sido ya motivo de preocupación de los líderes del Hemisferio Occidental desde hace algún tiempo. En la tercera Cumbre de las Américas, en abril de 2001, el presidente Bush y 33 presidentes y primeros ministros de nuestro Hemisferio propusieron una conferencia sobre el tema de la responsabilidad social de las empresas para fomentar la contribución positiva que éstas pueden hacer.
Dicha conferencia fue útil para destacar la naturaleza multifacética de la responsabilidad social de las sociedades anónimas. En su aspecto más elemental, la primera responsabilidad social de una empresa es lograr utilidades. La estructura empresarial es fundamental para organizar la producción de una manera eficiente y crear prosperidad en todo el mundo. Por tanto, la política pública bien orientada debe reconocer y estimular el aporte de las empresas al crecimiento, empleo, desarrollo y la innovación tecnológica. Sin sus utilidades no disfrutaríamos de ninguno de los beneficios que ofrecen las empresas.
Con todo, las utilidades por sí solas no hacen que una empresa sea responsable. La definición legal de una sociedad anónima es la de una persona jurídica, para efectos de contratos y demás consideraciones. Entonces, al igual que cualquier otra persona en la sociedad, una empresa tiene obligaciones con los otros. Por consiguiente, la responsabilidad social de una empresa es, en términos muy amplios, la del buen ciudadano. Estados Unidos reconoce la importancia de la buena ciudadanía empresarial y por consiguiente estimula a estas entidades para que cumplan su responsabilidad social aquí en el país y en todo el Hemisferio Occidental y el mundo.
Estados Unidos apoya la responsabilidad social de las empresas de varias maneras. Alentamos a las empresas para que inviertan en la gente y las comunidades locales. Proporcionamos financiamiento para la asociación entre el gobierno, las empresas y las organizaciones no gubernamentales. Estimulamos sus esfuerzos para diseminar las mejores prácticas, mediante la relación con las proveedoras y el código mundial de conducta de las empresas. Urgimos a las instituciones del gobierno, el sector privado y la sociedad civil para que pongan en práctica normas laborales internacionalmente reconocidas.
Otro elemento esencial de la responsabilidad social de las empresas es la probidad. El gobierno estadounidense cree que la corrupción, sea en las empresas, los gobiernos o los individuos, es el mayor impedimento para el desarrollo en el Hemisferio. Las empresas deben tener una conducta ética en sus transacciones y suministrar a sus socios toda la información necesaria.
Estados Unidos no está libre de la corrupción, como lo demuestran los escándalos recientes. Sin embargo, si se observa la forma en que Estados Unidos ha manejado esos escándalos, se ve lo que el Estado de Derecho puede hacer para llevar ante la justicia a quienes ignoran sus obligaciones con la sociedad. Se puede ver también la forma en que el régimen de derecho contribuye a formar una sociedad productiva y próspera. A Chile, país con el crecimiento económico más elevado del Hemisferio durante los últimos 15 años, se le considera el menos corrupto en Latinoamérica.
Otros países en la región hacen esfuerzos para erradicar la corrupción. El presidente Bolaños de Nicaragua lucha contra los políticos corruptos protegidos por la inmunidad parlamentaria. En México el presidente Fox encabeza la batalla contra décadas de abusos que han corroído la fe del pueblo de México en sus instituciones. En el Hemisferio 27 países han ratificado la Convención de la OEA contra la Corrupción y han prometido sanear sus sistemas.
Estados Unidos apoya a sus vecinos en su lucha contra la corrupción por medio de la negación o revocación de visados de figuras privadas o públicas que hayan violado la ley. En cuanto a los que ya se encuentran aquí, si existen razones para creer que tienen en este país ganancias mal habidas, Estados Unidos se esforzará por recobrar esos bienes y devolverlos al pueblo del que los robaron. Además, el gobierno de Estados Unidos procesará a los ejecutivos y compañías estadounidenses involucradas en prácticas corruptas en este país o en el exterior.
Las sociedades anónimas son parte integral de las economías contemporáneas y su contribución es esencial para nuestra vida, pero los líderes empresariales no pueden actuar como si estuvieran por encima de las obligaciones que todo ciudadano tiene con la sociedad. Por el contrario, deben reconocer el efecto desproporcionado que tienen sus actuaciones sobre el bienestar de todos y participar, como buenos ciudadanos, no sólo en la generación de riqueza, sino en ayudar a construir una sociedad mejor.
La responsabilidad social de las empresas es clave en la creación de la prosperidad de largo alcance en nuestro Hemisferio. Si todos nosotros (gobiernos, individuos y empresas) cumplimos con nuestros deberes como buenos ciudadanos, podremos construir un futuro mejor en las Américas.
*El autor es Secretario Adjunto de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental.