Fuego infernal en el paraíso

La poderosa bomba terrorista que estalló en la paradisíaca isla de Bali prácticamente destruyó la principal y casi única industria de ese lugar, porque ¿qué turista querrá visitar esa isla en el futuro? Como es sabido, el estallido terrorista mató a cuando menos 180 turistas e hirió a 300 personas más en Bali, que es parte de Indonesia. Los australianos aportaron la cuota más grande de sangre: 30 muertos y 113 heridos. El resto de víctimas se repartió entre 23 nacionalidades diferentes, incluyendo dos brasileños que se reportaron como perdidos y un ecuatoriano muerto.

Lo de Bali es un paso más hacia adelante de los grupos violentos y radicales que quieren dominar el mundo a través del terror. La guerra contra ese enemigo apenas comienza, y el fin de la misma nadie puede anticiparlo. Pero una cosa al respecto es muy cierta: al final de esa guerra habrán ganado los terroristas o habrán ganado los amantes de la paz, porque no caben empates, ni componendas, ni armisticios de ninguna especie.

La red terrorista islámica de Al-Qaeda, aunque debilitada sigue operando, y se cree que el grupo local indonesio que cometió el atentado del sábado pasado tiene relaciones con esa organización. (Indonesia es el país que cuenta con la mayor población musulmana del mundo, aunque la población de la isla de Bali es mayoritariamente hindú).

No hay duda de que el blanco principal del terrorismo es Estados Unidos, pero los recientes ataques en Bali, así como el ataque en Yemen a finales del mes pasado a un barco petrolero francés, demuestran que los terroristas están dispuestos a golpear en cualquier parte del mundo. Al respecto, George J. Tenet, director de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), informó al Congreso el miércoles pasado que: “El ambiente de amenaza en el cual nos encontramos actualmente es tan malo como lo fue el del verano pasado”, refiriéndose al 11 de septiembre del 2001, y en cuanto a Al-Qaeda dijo: “Ellos se han reconstituido. Ellos vienen contra nosotros… Ellos están planeando golpear a nuestra nación otra vez”.

Muchos quisieran creer que lo acontecido en los Estados Unidos el 11 de septiembre del año pasado afectó solamente a ese país, y que el resto del mundo no cambió, pero la realidad es otra. El mundo entero cambió. Es evidente que algunos podrían haber pensado que su lejanía del país norteamericano los haría inmunes a cualquier ataque terrorista, pero no es así, y los indonesios pueden atestiguarlo. El mismo día de la mega explosión en el centro turístico de Bali estalló otra bomba cerca de una oficina consular estadounidense en la isla, y otro pequeño artefacto estalló en las afueras de una discoteca.

El mundo civilizado no tiene más opción que resistir e ir con todos sus recursos en contra de quienes quieren dominarlo a través del miedo. Y dentro de ese mundo civilizado, a Estados Unidos le corresponde llevar el mayor peso de la lucha contra el terror. A mucha gente le incomoda tener que reconocer que si Estados Unidos sucumbe frente al terrorismo no habría ninguna otra nación en todo el orbe capaz de resistirlo y el mundo entero quedaría a merced de él.

El liderazgo del país norteamericano está consciente de la amenaza a su seguridad y de su responsabilidad con el resto del mundo, y por esa razón está preparado para luchar tanto en la guerra contra el terrorismo “per se”, como contra los países que, como Irak, atentan contra la seguridad mundial.

La administración Bush cuenta ya con el apoyo mayoritario de ambas cámaras del Congreso para usar la fuerza contra el régimen de Saddam Hussein, y sólo está dándole chance a Naciones Unidas para que emita una resolución a favor de una operación armada en Irak. Esa operación, sin embargo, es muy probable que se lleve a cabo con o sin la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Francia, que es uno de los miembros permanentes del Consejo, se opone a la acción armada, pero si Estados Unidos actúa unilateralmente contra Irak y tiene éxito, el Consejo de Seguridad de ese organismo mundial quedaría totalmente desprestigiado.  

Editorial
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