Las insolencias de Mr. Saqueo

Ernesto J. Marín

Todo destino tiene un comienzo y un final, sobre el final versa este análisis aleccionador para las ovejas descarriadas que todavía creen que no pueden ser neutralizadas, encarceladas y condenadas. Mi pensamiento fluye serenamente con la seguridad de contribuir a un buen futuro para todos, cuando hace cinco años el ex presidente Alemán comenzó su período después de unas elecciones bien ganadas y llegamos a los liberales con todas las ilusiones similares a un niño con zapatos nuevos, estrenados con sus pantalones largos. El país esperaba tranquilo pero con cierta impaciencia la llamada voz de alerta que el nuevo presidente alentaba, ‘levántate y anda’. Hasta aquí la fábula de millones de nicaragüenses, nadie ni siquiera pensara en la conspiración de don Arnoldo y su grupito de pillos y gángsteres, corruptos hasta la médula, después de haber tomado todos los activos de una nación para llenar sus bolsillos, haciendo cómplice a su propia familia en su voraz apetito de enriquecerse.

Qué vergüenza se percibe allá en las profundidades de la conciencia, aunque esa palabra no existiera en el diccionario de semejantes personajes y sus satélites, si ese señor tuviera una micra de esa virtud, la vergüenza, nos hubiera dejado vivir y trabajar en paz, a la par de don Enrique en el nuevo gobierno.

Arduo trabajo para el ingeniero Bolaños y el vicepresidente, para volver a construir un camino limpio hay que barrer tantas impurezas y basuras; pero de ahí pretender sanear la imagen de don Arnoldo Saqueo, es simplemente imposible lograr semejante hazaña, donde la codicia y la impudicia forman un denominador común.

Ahora viene la segunda parte de este drama, el destino de los culpables será la cárcel o el exilio, si se movilizan a tiempo, aún el exilio se vería limitado por lo conocido y la gravedad de semejante caso. Europa, cuyo propósito hubiera sido España, no es posible, porque la fama del señor Saqueo es de dominio de todos. En Islandia pudiera haber otra oportunidad, muy cerca del colega Salinas de Gortari, aunque esa isla es una hielera de frío y brumas, no creo que sea del gusto del tránsfuga. El principado de Liechtenstein (Piedra Luminosa), paraíso fiscal, centro financiero y de comercio, este servidor atendió al Dr. Arnoldo Alemán y acompañantes, un espléndido Byron, y un acucioso Alfredo Fernández, Mr. Plastic Money, siempre presto para pagar las cuentas con las tarjetas de nuestro Banco Central. Ese paisito de 150 Km2; igual que el departamento de Granada, sí creo que le podría ser más grato. También en Asia tienen por ejemplo a Taiwan un sitio donde no sería rechazado. Y en América Latina, Belice, otro minúsculo territorio también paradisíaco, donde el Banco Central es propiedad privada y donde es fácil comprar acciones y comenzar una nueva vida. Y por último quedaría Brasil, donde no sería fácil pasar inadvertido y donde tampoco sé si hay tratado de extradición entre nuestros dos países.

Para terminar y quedar si manchas tendría que devolver hasta el último centavo ajeno, según la Biblia, que se apropió de Nicaragua, otra razón más que imposible para no cumplirlas conociendo la desmesurable codicia de este inigualable ciudadano.

El autor es diplomático.  

Editorial
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