Gringo

Luis Sánchez [email protected]

«Creo que gran parte del reto al futuro para la región es poder hablarle en gringo al gringo…” dijo el banquero nica-estadounidense Federico Sacasa Patiño, quien en su carácter de director ejecutivo de Acción Latinoamericana y del Caribe (CLAA, por sus siglas en inglés) fue el principal organizador del foro empresarial regional celebrado el 14 de octubre en Managua.

Antes de que Sacasa Patiño trajera su recomendación de que al gringo hay que hablarle en gringo, alguien me había solicitado escribir sobre el significado de este cognomento que en Nicaragua se aplica a los estadounidenses. Y me adelantó su opinión, de que la denominación de gringo se habría originado cuando la guerra de Estados Unidos con México —1846-1848—, debido a que los soldados estadounidenses vestían uniforme de color verde (green, en inglés). Y entonces los mexicanos gritaban a los militares yanquis: “green, go home”, lo cual, andando el tiempo se españolizó y abrevió a green-go: gringo.

En realidad, en sentido estricto, gringo es una expresión del idioma español para designar a cualquier persona extranjera, en particular a la de habla inglesa pero también a toda la que habla una lengua que no es la castellana. De modo que en España gringo significa cualquier lengua ininteligible, pero en América se le dice así expresamente al norteamericano de los Estados Unidos. Y en Argentina y Perú gringo es cualquiera que tenga el pelo rubio y la piel blanca (Diccionario de la RAE).

Por su parte Joan Corominas (Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana), explica que originalmente, allá por 1615, gringa se le decía a toda lengua extraña y después también a la persona que la hablaba. Y agrega que la expresión fue una derivación o alteración de griego, que en aquella época era el idioma extraño por antonomasia. Habla en griego, se decía de aquel a quien no se le entendía nada de lo que decía. Y ya para 1765-1783, al idioma español se incorporó definitivamente el vocablo gringo, para denominar expresamente a la lengua griega “como resultado indirecto de la costumbre de mencionarla junto con el latín, y de la doctrina observada por la Iglesia de que el griego no era necesario para la erudición católica”, apunta Corominas.

Precisamente por eso es que de griego se deriva no sólo gringo, sino también greguería, que significa “vocerío o gritería confusa de la gente”; y gresca, que quiere decir bulla, algarabía, riña y pendencia.

Pero volviendo a la expresión de Sacasa Patiño, de que a los gringos hay que hablarles en gringo, es obvio que se trata de que en materia de negocios con los norteamericanos hay que comunicarse en el idioma que ellos hablan y entienden, y no sólo en el sentido estrictamente idiomático sino también —y sobre todo— en lo que se refiere al sentido de responsabilidad y al sistema de valores y principios con que operan los estadounidenses.

“Aquí se compromete uno muy fácilmente pero no tiene el sentido de compromiso que debería tener; cuando uno da su palabra, el cumplimiento de esa palabra es una parte integral para el compromiso…”, dijo Sacasa Patiño. Eso es hablar en gringo con el gringo, y sin dudas que el nica-gringo tiene toda la razón.  

Editorial
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