Tal como estaba previsto, ayer lunes 14 de octubre se celebró exitosamente en Managua el Foro de Comercio e Inversión Extranjera “Compromiso por Centroamérica”, cuyo objetivo fundamental era señalar las condiciones y requisitos que de manera indispensable se necesita establecer en Centroamérica —y sobre todo en Nicaragua— para aprovechar apropiadamente los beneficios de los acuerdos de libre comercio internacional, particularmente con los Estados Unidos de Norteamérica.
En realidad, el verdadero diálogo que necesita Nicaragua, es el de las personas particulares y los representantes de las instituciones que quieren promover las inversiones privadas extranjeras, fomentar la diversificación productiva y el crecimiento económico, crear empleos estables y duraderos, reducir la pobreza que sufre la mayor parte de la población e impulsar el desarrollo social y la prosperidad nacional.
La ciudadanía nicaragüense y la comunidad internacional ven con aprensión a los políticos tradicionales que insisten en promover sus “diálogos” partidistas y componendas, para seguir repartiéndose el botín del Estado y mantener al país subordinado a sus estrategias populistas y demagógicas, y por lo tanto sumido en el atraso, la pobreza y la dependencia de la ayuda internacional. Pero es alentador ver también a muchas personas nacionales y extranjeras, dotadas de visión progresista y espíritu emprendedor, que dialogan sobre cómo hacer de Nicaragua una tierra de oportunidades en vez del escenario de politiquería, corrupción, conflictos sociales y estrategias económicas fracasadas, de esos mismos políticos que quieren otra vez llevarnos a la trampa del “diálogo nacional” y el pactismo.
El foro empresarial de ayer, en el que participaron el Subsecretario de Comercio Norteamericano, el Vicepresidente de Honduras y numerosos funcionarios y empresarios nacionales y extranjeros, demostró que la solución a los problemas nacionales no pasa por los diálogos y pactos de políticos ineptos, codiciosos y corruptos, sino por la puesta en práctica de medidas concretas para facilitar la actividad económica, atraer la inversión extranjera y crear alternativas a los rubros tradicionales de producción y exportación que han colapsado.
Dicho con otras palabras, los políticos como Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, quienes desafortunadamente siguen dominando el escenario nacional, son parte sustantiva del problema de Nicaragua y de ninguna manera podrían representar su solución. Y sólo cuando los ciudadanos nicaragüenses pongan en la conducción de la política nacional a personas con visión de desarrollo y progreso, es que el país podrá aprovechar plenamente su potencial de crecimiento y desarrollo.
Ciertamente, el país necesita que haya en todos los poderes públicos, y no sólo en el Poder Ejecutivo, personas que comprendan la necesidad de hacer que los países de Centroamérica dejen de pelearse y se presenten unidos en los Tratados de Libre Comercio Internacional; que impulsen la integración centroamericana para crear un solo mercado amplio y verdaderamente atractivo; que adopten políticas y dicten disposiciones legales que sirvan para atraer las inversiones privadas extranjeras, puesto que es lo único que puede reactivar la producción, impulsar el desarrollo económico y sacar al país del atraso y de la pobreza; que supriman o por lo menos reduzcan al mínimo las trabas burocráticas y fiscales que se interponen a la gente que quiere invertir, trabajar y producir en Nicaragua; que erradiquen la viciosa cultura del incumplimiento, el irrespeto a la palabra, el menosprecio a los compromisos y la relación contractual; que fomenten la responsabilidad laboral, la puntualidad y el sentido de eficiencia; que con su propio ejemplo sustituyan la conducta transgresora por la del respeto a la ley, al derecho ajeno y la propiedad.
Y es necesaria también una administración de justicia honesta e independiente; que los procesos gubernamentales, administrativos y económicos se desenvuelvan en un ambiente de transparencia; que la administración pública sea sometida a eficientes sistemas de control institucional y social; y que la lucha contra la corrupción sea llevada hasta las últimas consecuencias, o sea erradicarla y castigar ejemplarmente a los corruptos, para que paguen por sus delitos contra el pueblo y se disuada a quienes quisieran seguir haciendo del Estado su patrimonio particular.
Los foros empresariales como el de ayer ejercen sobre los politiqueros un efecto como el de la cruz para los demonios. Y precisamente por eso hay que seguir promoviéndolos y motivando el respaldo nacional a sus resultados y recomendaciones.