Último chance de diputados liberales

El próximo jueves está supuesto a autoconvocarse el Plenario de la Asamblea Nacional, si la Junta Directiva continúa negándose a tramitar el desafuero del ex presidente Arnoldo Alemán y de los diputados del PLC, María Dolores Alemán, David Castillo y Marta McCoy.

Al menos eso fue lo que anunció el secretario general del FSLN, Daniel Ortega, con el virtual respaldo de los diputados Azul y Blanco y otros que junto con los sandinistas constituyen la nueva mayoría parlamentaria. En todo caso, los Azul y Blanco y sus aliados deben ratificar hoy martes la decisión de apoyar la autoconvocatoria del Plenario de la Asamblea Nacional, que es la única vía para resolver la crisis institucional creada por los seis directivos parlamentarios que han desacatado las resoluciones judiciales y atropellado la Ley de Inmunidad y la Constitución.

En realidad, no es tan difícil resolver esta crisis que está sufriendo el Poder Legislativo, que no es la primera ni la más grave de todas las que han habido anteriormente, y con toda seguridad que no será la última. Y no hay por qué enredarse en la búsqueda de la solución, pues lo único que hace falta es la seguridad de contar con la mayoría parlamentaria indispensable (47 diputados) y tener la convicción de que política y legalmente se está haciendo lo correcto para restablecer la institucionalidad avasallada por Arnoldo Alemán y compañía, quienes tratan de evadir la acción de la justicia a cualquier costo, inclusive el de violar la Constitución y la ley, desacatar al Poder Judicial y hundir a su propio partido.

Los diputados azul y blanco habían manifestado una reserva jurídica a la solución de la crisis mediante la autoconvocatoria del Plenario de la Asamblea Nacional, porque en el pasado la Corte Suprema de Justicia declaró nulas las decisiones que fueron aprobadas con el voto de la mayoría parlamentaria pero pasando por encima de la voluntad de la Junta Directiva. Específicamente esto ocurrió el 7 de enero de 1997, cuando la Corte anuló las actuaciones de la Asamblea Nacional que presidió la señora Doris Tijerino, quien el 22 de noviembre de 1996, en su carácter de tercera vicepresidenta decidió continuar una sesión plenaria que había sido suspendida por la Junta Directiva.

Dicha sentencia fue calificada por juristas independientes como política más que jurídica, y disintieron de ella tres magistrados quienes alegaron que “la Ley de Amparo no faculta a la Corte Suprema de Justicia a declarar nulas las actuaciones de otro Poder del Estado por violaciones de su normativa interna”, pues “la atribución de la Corte es conocer y resolver los conflictos de competencia y constitucionalidad entre los poderes del Estado”, no los internos.

Ahora bien, es obvio que el conflicto de la Asamblea Nacional, las condiciones políticas del país, en la actualidad, son diferentes a las de 1996, y es seguro que ahora la Corte rechazaría cualquier recurso que se interpusiera contra las decisiones del Plenario autoconvocado, el cual por cierto tendría el reconocimiento y respaldo del Poder Ejecutivo.

En cuanto al temor de que el FSLN asuma el control de la Asamblea Nacional y trate de “gobernar desde el Parlamento”, como después de su derrota electoral en febrero de 1990 quiso gobernar “desde abajo” e impuso condiciones onerosas a la Presidenta Violeta B. de Chamorro, la verdad es que los sandinistas ya anunciaron que aspiran a tres de los siete miembros de la nueva Junta Directiva, y además, con sólo sus 38 votos no podrían aprobar leyes ni resoluciones parlamentarias que les permitieran controlar el Poder Legislativo. Y en enero próximo, cuando se tenga que elegir otra Junta Directiva, la mayoría liberal ya estaría reconstituida y fortalecida después de depurarse de la camarilla corrupta y perniciosa de Arnoldo Alemán.

Sin dudas que cualquier riesgo de esta clase sería menor e inclusive desaparecería, si la mayor parte de los diputados liberales que todavía apoyan a Alemán pusieran fin a esa irracional actitud y asumieran su responsabilidad de parlamentarios honestos. Y todavía el próximo jueves, si el Plenario de la Asamblea Nacional se autoconvoca como es necesario que lo haga, esos diputados liberales tendrán una última oportunidad de reivindicarse.  

Editorial
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