Miguel Chamorro Román
Este agosto pasado tuve la oportunidad de estudiar contra terrorismo en Israel, como miembro de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD; un grupo apolítico formado en octubre). Escogieron a 26 estudiantes de EE.UU. para que viéramos cómo se combate este fenómeno de manera práctica, diplomática y académica. Junto con la Universidad de Tel Aviv, la FDD nos brindó charlas y lecturas con oficiales militares, policiales y de inteligencia, académicos, y diplomáticos de EE.UU., Turquía, India y Jordania, con el objetivo ulterior de educar sobre las amenazas del terrorismo a la democracia.
Conocimos a personajes como el alcalde de Jerusalén, el comandante general de operaciones en la Franja Occidental, el embajador indio y el consultor de medios de comunicación del Primer Ministro Sharon. Se sabe que el terrorismo proveniente de Gaza y la Franja Occidental incrementó a partir de que pasó a manos de la Autoridad Palestina, bajo el tratado Oslo (1993). Dejando al lado el desastre burocrático y la mal administración de la AP, es fácil ver porqué hay enojo hacia Arafat al no frenar el terrorismo.
La charla que nos brindó el general Gil’ad dice mucho: Arafat es amigable (“si hoy lo llamo, hoy mismo él me invita a desayunar”…), pero nunca enjuició a terroristas del Hamas, o Fatah, o Jihad Islámica, que penetran Israel. Abundan historias penosas sobre sus “esfuerzos” antiterroristas. Reciente es la del barco proveniente de Irán, el Karin A, capturado por Israel con toneladas de armas justo cuando el general norteamericano Zinni negociaba un cese al fuego con Arafat.
Al fin y al cabo, la presente estrategia es dejar entrever a los palestinos que Arafat es el problema. Mas, la causa palestina es sólo una carta bien jugada por los fundamentalistas islámicos. Hay una conexión internacional de grupos terroristas cuya meta es establecer la teocracia islámica en todo el mundo. Es un fervor religioso bien radical, ya que, según el alcalde Olmert, a los árabes de Jerusalén les da pavor votar en elecciones por ser considerados “moderados”.
Poco se mencionó a Latinoamérica. El narcoterrorismo de Colombia es una amenaza regional. El modus operandi de las FARC, ELN y AUC es distinto al de los terroristas islámicos, pero la estrategia es igual. Al terrorismo hay que darle mano dura, pues, ¿qué pasó cuando Oslo entregó territorios a la Autoridad Palestina y el ex presidente Pastrana le concedió un enclave a la FARC en Colombia? Tales experimentos resultaron en más ataques terroristas hacia civiles. Mientras Jerusalén y Bogotá anticipaban una era de paz, Arafat y “Tirofijo” interpretaban esto como un paso más hacia la victoria.
Dictaduras como Siria e Irán no sufren el terrorismo —lo exportan. La democracia está en peligro, pues, los terroristas, al ser minoría, se imponen sobre la mayoría vía terror. Para combatirlo, los países democráticos deben sacar su fuerza de la sociedad civil. Este es el mensaje de la FDD.
Las democracias tienen mucho que perder si el terrorismo no se afronta adecuadamente. Ya pasó la era del comunismo. Ahora es la lucha contra el terrorismo: un fenómeno internacional que persigue goles de manera insensata. Para triunfar se necesita corazón caliente y mente fría.
El autor es estudiante nicaragüense de Ciencias Políticas en la Universidad de Villanova, Pensilvania.