Cuando arden las barbas del cacique…

La manifestación política que se celebró ayer en Masaya para respaldar al ex presidente Arnoldo Alemán, no cambia en nada la precaria situación en que éste se encuentra como consecuencia de la avalancha de denuncias e investigaciones —dentro y fuera de Nicaragua— sobre los numerosos y desmesurados actos de corrupción que ocurrieron durante el gobierno anterior. Al respecto, han sido algunos de los propios correligionarios del doctor Alemán, quienes se han encargado de recordarle que el ex dictador liberal, Anastasio Somoza Debayle, reunió el 27 de mayo de 1979 en la Explanada de Tiscapa de Managua, con motivo del Día del Ejército, a una multitud que vociferaba “¡no te vas, te quedás!”, pero sólo 50 días después huyó vergonzosamente del país.

En realidad, a pesar del escepticismo que hay en algunos sectores políticos acerca de la posibilidad de que el ex presidente Arnoldo Alemán pudiera dejar el cargo que ocupa en la Asamblea Nacional como resultado del pacto que hizo con Daniel Ortega y el FSLN —y mucho menos de que sea encarcelado, procesado y condenado por la justicia— lo cierto es que el cacique del PLC ha recibido severos golpes políticos y se encuentra ahora a la defensiva y absolutamente desacreditado ante la sociedad nicaragüense y la comunidad internacional.

Por denuncias y acusaciones de corrupción mucho menos abundantes y graves que las que pesan sobre el doctor Alemán, ex presidentes corruptos de otros países han ido a parar a la cárcel, o han huido de su patria para refugiarse en cualquier rincón de la Tierra. Sólo la debilidad institucional que hay en Nicaragua, así como el relajamiento de la moral pública, el envilecimiento de la ley y la corrupción de la administración de justicia, permiten que con tan abrumadoras evidencias y pruebas que se han presentando sobre la espectacular corrupción que hubo en el gobierno anterior, Alemán y sus cercanos colaboradores sigan ocupando posiciones de poder y haciendo alardes de soberbia.

El doctor Alemán, que es una persona inteligente e ilustrada en los proverbios y dichos populares, debería recordar y tomar en cuenta la sentencia de don Francisco de Quevedo (1580-1645), de que “la soberbia nunca baja de donde ha subido pero siempre cae de donde subió”. Y antes de caer estrepitosamente, el doctor Alemán debería renunciar voluntariamente a las posiciones de poder que sigue mangoneando y desde las cuales provoca inestabilidad, obstaculiza la recuperación económica, cultural y moral de la sociedad e impide que el nuevo gobierno de la República opere en forma normal al menos para superar la devastación provocada por el corrupto régimen anterior.

Si el ex presidente Alemán, cuando terminó su período presidencial se hubiese ido a ejercer su representación honoraria en el Parlamento Centroamericano, y a disfrutar la fortuna que acumuló en los años que estuvo al frente de la Alcaldía de Managua y de la Presidencia de la República, el país no estuviera sufriendo ahora tantas incertidumbres; y a lo mejor el mismo Alemán y sus parientes más cercanos no estarían acosados por las denuncias e investigaciones de corrupción, ni sometidos a la humillación de las restricciones migratorias estadounidenses, ni arriesgándose a ser enjuiciado inclusive fuera de las fronteras de Nicaragua.

Mas, si el ex presidente Alemán se sigue empeñando en no dar su brazo a torcer, sus correligionarios del bando del PLC que todavía lo apoyan deberían persuadirlo de que debe dejar el cargo que ocupa indebidamente en la Asamblea Nacional, o destituirlo, porque para ellos deberían ser más importantes los intereses de la nación, la suerte de la democracia y las conveniencias de su partido, que el capricho y el empecinamiento del cacique liberal.

Los dirigentes liberales que todavía son alemancistas deberían recordar la sabiduría popular de que cuando arden las barbas del vecino hay que poner las propias en remojo. Y con mucha mayor razón hay que remojarlas, si las barbas ardientes son las del cacique que por insensatez y lujuria de poder los puede arrastrar al desastre a ellos mismos.

Los directivos del PLC y los miembros de la bancada liberal todavía están a tiempo de hacer algo bueno por Nicaragua, su partido y ellos mismos. ¿Por qué no lo quieren hacer?  

Editorial
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