Carlos Denton
En sus reuniones recientes en Nicaragua, los presidentes de ese país y de Costa Rica aparentemente declararon en conferencia de prensa que las dos naciones vecinas son siamesas. Se supone que lo que querían decir con esa declaración es que uno no puede vivir sin el otro.
En muchos sentidos tienen razón —las ventas que hace Costa Rica en Nicaragua superan los $300 millones y esa cifra no toma en cuenta instalaciones costarricenses en el país del norte— fábricas, supermercados, y otros que producen y venden en la nación vecina.
La presencia de ciudadanos nicaragüenses entre la población económicamente activa de Costa Rica es notable, y más de un analista económico argumenta que el crecimiento que ha tenido este país no hubiera sido posible sin la presencia de estos oriundos de Nicaragua.
Y ahora comienzan a venir los productos nicaragüenses a Costa Rica, primero arraigándose vendiendo a los coterráneos que viven acá, y luego ampliándose al mercado general.
Sin duda ninguna, Costa Rica debe formar parte de la unión aduanera de Centroamérica, le dará oportunidades hasta ahora no vistas de exportar aún más a Nicaragua y los otros vecinos hacia el norte.
Pero el concepto de siameses también tiene una connotación cultural y psicológica que se debería analizar. Pueden estar unidos económicamente pero esto no implica que no son dos entes con pensamientos y capacidad de acción independiente.
Hay muchos ejemplos de las diferencias entre los pueblos de estos países vecinos. Por ejemplo, en las encuestas realizadas por la CID/Gallup en Nicaragua, cuando se pregunta a los nicaragüenses a cuál pueblo fuera de sus fronteras admiran más, la respuesta abrumadora es que “son los ticos”.
Cuando esa misma pregunta es administrada en Costa Rica, los entrevistados citan a los norteamericanos, a los mexicanos, a los españoles antes de citar cualquier pueblo centroamericano. El amor y la admiración de los nicas no disfruta de reciprocidad entre los ticos.
Para un pueblo orgulloso, como es el de Nicaragua, sentir ese desdén de los costarricenses provoca ira y también declaraciones en plazas públicas en épocas electorales nicaragüenses que pudieran pararle el pelo a cualquier tico.
Cuando se le pregunta a los nicaragüenses características negativas de sus vecinos al otro lado de la frontera sur dicen que los costarricenses son “soberbios” y muy “lecheros” (tienen mucha suerte no tan merecida). Los costarricenses, al contestar una pregunta sobre los defectos de los nicaragüenses, citan su carácter “violento” y los “patrones irregulares familiares” de los ciudadanos del país del norte.
La convivencia entre los dos países ya es inevitable y, entonces, está por verse cuáles patrones culturales finalmente predominarán. Para nosotros, los optimistas, es seguro que serán las cosas buenas de cada uno de estos siameses las que perdurarán.
El autor es director general de Cid Gallup Latinoamérica.