Paul Saxton
Quisiera presentarles una cifra: 1 millón de millones de dólares. Ésa es la cantidad que Estados Unidos importó el año pasado. A los norteamericanos nos gusta importar; creemos que las mercancías de alta calidad y buen precio hacen que vivamos mejor. De modo que importamos mucho.
Permítanme presentarles otra cifra: 437,000 millones de dólares. Ése fue el déficit comercial total de Estados Unidos en 2001.
Con estas cifras, sería difícil calificar a Estados Unidos de mercado cerrado. Una nación que ejercita el proteccionismo mientras compra 1 millón de millones de dólares en bienes y servicios, y se anota un déficit comercial de 437,000 millones de dólares, es una nación que no practica muy bien el proteccionismo. Ése es mi país. Y mi país es el mercado de gran magnitud más abierto del mundo, un mercado que debe ser atractivo para cualquier nación que quiera exportar.
Los norteamericanos creemos en el comercio. Hemos visto cómo ha beneficiado nuestra vida. Hemos visto cómo ha beneficiado nuestra economía. El comercio, tanto las exportaciones como las importaciones, crea empleos, y crea empleos mejor pagados; en Estados Unidos, y en promedio, 18 por ciento mejor pagados que los de las industrias que limitan sus ventas al mercado interno. El comercio aumenta también el bienestar de los consumidores. El representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Zoellick, ha estimado que la última década de liberalización comercial ha puesto 2,000 dólares más en los bolsillos de la familia norteamericana media, compuesta por cuatro personas. Este ingreso añadido no viene en forma de cheque, o de pago del gobierno; viene en forma de mejores empleos y precios más bajos. El consumidor que encuentra en Walmart ropa de bajo costo, o en la tienda una fruta fuera de temporada, o un mejor precio de venta en el concesionario de automóviles, es un beneficiario del comercio libre.
Los defensores de los sistemas mercantilistas tradicionales creen que el comercio es un juego en el que algunos pierden para que otros ganen. Si uno importa más que lo que exporta, “pierde”. El proteccionismo les resulta muy atractivo a los que tienen este punto de vista tradicional del comercio. Proteccionismo significa proteger a un conciudadano manteniendo fuera el producto de un extranjero. Pero este punto de vista pasa por alto las realidades de nuestra vida en una economía mundial. Si cada nación puede concentrarse en sus puntos fuertes, produciendo mercancías de alta calidad que pueden competir en todo el mundo, entonces no necesitamos realmente preocuparnos tanto por producir de todo para el mercado interno. Estamos en libertad de hacer lo que hacemos mejor, y comprar en el extranjero lo que otros hacen mejor. Como resultado, todos los países serán más prósperos.
El mercado estadounidense no es completamente abierto. Pero con un arancel medio de 2.7 por ciento, es más abierto que la mayoría. Por otra parte, el límite asignado para subsidios al sector agrícola en los Estados Unidos distorsionan menos el comercio al compararse con los otros grandes productores agrícolas. El límite permitido para subsidios agrícolas en la Unión Europea es de 62,000 millones de dólares, o sea tres veces más el de los Estados Unidos; mientras que en Japón, el límite es de 31,000 millones de dólares, o sea 50 por ciento más que el de Estados Unidos. Además, la Ley Agrícola (“Farm Bill”) aprobada en el año corriente no excede el límite, 19,100 millones de dólares en subsidios a agricultores domésticos, de los Estados Unidos bajo los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El mercado estadounidense y los mercados de todo el mundo son todos más abiertos que lo que eran hace 5 años, hace 10 años y hace 20 años. La Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la miríada de pactos comerciales bilaterales y multilaterales han ayudado a llevarnos en la dirección correcta. Hemos progresado, y las negociaciones posteriores a la reunión de Doha y las negociaciones para crear el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) nos ayudarán todavía más. Y cada paso ayudará. Cada vez que eliminamos una barrera y cada vez que reducimos un arancel, avanzamos.
Estos acuerdos comerciales que se desarrollan en todo el mundo no excluyen a Nicaragua. Estados Unidos es el mayor socio comercial de Nicaragua y desea seguirlo siendo en el futuro. El total de la balanza comercial en el 2001 fue de $975 millones (de los cuales $609 millones fueron exportaciones de Nicaragua a los Estados Unidos y $366 fueron exportaciones de los Estados Unidos a Nicaragua). Estas cifras han venido en crecimiento en años recientes y se espera que continúen creciendo. En la medida que Nicaragua se inserte en el mercado global y como consecuencia de los tratados de Libre Comercio que actualmente se discuten, los inversionistas norteamericanos se sienten cada vez más atraídos para invertir en Nicaragua en industrias con grandes oportunidades de crecimiento tales como el sector del turismo, la agricultura y la manufactura. Los beneficios del desarrollo empresarial a través de la apertura de mercado se traducen en nuevas fuentes de ingreso para Nicaragua al brindar las oportunidades de empleo que los nicaragüenses desean.
Estoy convencido de que nuestras naciones comparten un futuro brillante y próspero en las Américas. A Estados Unidos le gustaría ser socio del ALCA, porque creemos que el ALCA llevará a este hemisferio a un nuevo siglo de progreso.
El autor es Encargado de Negocios de la Embajada de EE.UU. en Nicaragua