Emilio Álvarez Montalván
En un país como Nicaragua donde más del 50 por ciento de sus habitantes son menores de 18 años, el interés por la suerte de la tercera edad, es escaso. No obstante, las últimas bioestadísticas nacionales revelan que las personas que cumplieron 70 años aumentaron su porcentaje histórico. Esa percepción es ahora captada al brindarles a los adultos mayores facilidades y cortesías que antes carecían, como ventanillas en los bancos, rebaja en transporte, espectáculos y servicios públicos, disminución de impuestos, etc.
En ese contexto, el reciente anuncio de la presidenta del INSS, Lic. Ada María Montealegre Callejas, restableciendo atención médica gratuita en los institutos provisionales a los pensionados por vejez, reconoce el derecho a esos antiguos cotizantes, a recibir servicios de primera calidad. Ese derecho les fue arrebatado en los años ochenta, no sólo a los retirados, sino a todos los afiliados, obligándolos a concurrir a los hospitales del fracasado sistema único de salud.
Era evidente que lo exiguo de la cantidad mensual entregada a aquellas derecho-habientes, que apenas les alcanzaba para alimentación y transporte, no lograba cubrir los honorarios de médicos particulares. No obstante si bien aquella situación cambió, los restaurados servicios están por ahora limitados a Managua, con una cobertura de 30,000 personas. Esperamos que pronto se amplíe ese universo al resto del país y se extiendan los privilegios —por lo demás, es injusto suspenderles la pensión si trabajan, cuando más bien deberían felicitarlos, pues esa prohibición, les impide completar su estrecho presupuesto.
Asimismo debería el INSS atender las emergencias, frecuentes en adultos mayores, transportándolos en una ambulancia, provista de recursos terapéuticos que controlen el síntoma que originó la crisis. Igualmente podrían entrenar en cuidados de enfermería menor a familiares que atienden en sus casas a pacientes jubilados con afecciones crónicas, como: convalecientes de operaciones, diabéticos avanzados, hemipléjicos, asmáticos, etc., ello incluiría consejos para aliviar tensiones de quienes se ocupan de ese tipo de enfermos.
Finalmente, hay ancianos que si bien son saludables permanecen solos en sus hogares durante el día, pues sus parientes trabajan. La escuela francesa de geriatría creó para ellos los “centros de día”, según información del Dr. César Martínez, reputado neurocirujano nicaragüense, quien trabajó en ellos. Son lugares donde los jubilados llevados en buses se quedan mañana y tarde, regresando a casa al caer la noche.
Esos establecimientos ofrecen servicios varios, como entretenimientos, paseos por jardines, reciben medicinas, frecuentan gimnasios, tienen asistencia médica y psicológica y oportunidades de recibir visitas, indispensables para conservar la salud mental. En tales programas que descongestionan los costosos asilos, juega un papel importante, la sociedad civil, proporcionando voluntarios y fondos. La filosofía es que las personas de edad se sientan sujetos de interés, incorporándose de alguna manera a la vida social.
El autor es analista político y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.