Migdonio Blandón B.
En distintos conceptos el subdesarrollo y la pobreza están de tal manera unidos que podrían considerarse sinónimos de atraso y estancamiento; pero aún en países donde ello es manifiesto, no faltan medios naturales para vencerlos; y éstos, al ser explotados y superados, aprendiendo con esfuerzo a vencer los obstáculos, los que ordenada y decididamente lo han intentado han logrado el óptimo y positivo desarrollo, venciendo en parte la pobreza en muchos aspectos.
Los países que han logrado desarrollarse, no ha sido porque tengan ventaja geográfica, territorial, mejor suerte e inteligencia, extremada riqueza, ni tantas otras ventajosas consideraciones. Simplemente han tenido éxito porque han trabajado ordenada y tesoneramente para conseguirlo, asumiendo y practicando con verdadera disciplina lo que el peruano Octavio Mavila Medina, con acierto ha definido como “El Decálogo del Desarrollo”.
Por supuesto que dicho decálogo, extraído de la experiencia de quienes han logrado superar obstáculos, alcanzando con tesón y esfuerzo lo que en la vida se propusieron, para que dé el resultado idealizado, es de suma importancia asumirlo de forma integral e individual, poniendo con fe viva en acción los dones que nuestro Creador nos ha dispensado (inteligencia, voluntad y libertad) con la seguridad que capacitándonos, si para bien Él nos lo permite, lo lograremos.
El ex ministro de Educación, Dr. Humberto Belli, hizo una reimpresión de tan importante publicación, la que amerita ser incluida en el programa de educación a nivel nacional, para ser debidamente aplicado, lo que si se lograse adecuar lo mínimo al 50 por ciento de la población, con este porcentaje y la ayuda de Dios, en poco tiempo saldríamos del subdesarrollo, pues ésta ha sido la fórmula que ha servido a los países que van a la vanguardia del progreso en todo el orbe.
Los principios que propiciando el desarrollo de algunos países han logrado notoriamente sobresalir en el mundo, se resumen así en el Decálogo: 1= Orden: 2= Limpieza. 3= Puntualidad. 4= Responsabilidad. 5= Deseo de Superación. 6= Honradez. 7= Respeto al derecho de los demás. 8= Respeto a la ley y a los reglamentos. 9= Amor al trabajo. 10= Afán por el ahorro y la inversión.
El subdesarrollo y la pobreza, que en sí son lo mismo, con el aumento poblacional se han intensificado de manera alarmante, creándose una división exagerada entre la rica opulencia y la misérrima pobreza, culpándose equívocamente a la primera de ser la causa de la segunda, llegándose en ocasiones a exigir redistribución de la riqueza a quienes siendo parásitos improductivos, estafan, arrebatan o mendigan el producto de quienes honestamente trabajan.
Las personas normales y sanas lo único que necesitan es estudiar, capacitarse y trabajar. Ellas son el elemento que desde su ocasional o permanente ubicación han de ser el valioso e imprescindible soporte que con decisión en labores privadas o institucionales, al mismo tiempo que logran su propia realización, colaboran en la positiva reconstrucción del país a que les cupo la suerte de pertenecer, el cual con gente de tal calidad también se siente beneficiado.
No hay país que siguiendo a todos lo niveles los principios del susodicho decálogo, en poco tiempo no logre salir del subdesarrollo y la pobreza. Es la única solución. Como ha dicho Jesucristo nuestro Señor: “…pobres siempre habrá…”; pero cuando se logra alcanzar el debido orden, hay también la debida asistencia social, que hace más llevadero el sufrimiento de los necesitados. Si decididamente nos preparamos con la ayuda de Dios pronto lo lograremos.
El autor es miembro de Eduquemos.